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martes, 26 de marzo de 2019

No te rindas (II)

No te rindas, así rezaba el título de una entrada que en este mismo blog escribí, pronto hará, siete años.

La maldad no tiene vergüenza, se manifiesta sin pudor alguno, lo hace cómo y cuándo considera que ha llegado el momento. Sus ejecutores, dormitan durante años sus peores intenciones, y sólo las vuelven a colocar en el primer plano de sus actos en el momento en el que se reproducen las condiciones que dejaron a un lado, sencillamente, por aburrimiento.

No dejan pasar el tiempo, permanecen agazapados a la espera de que su malvada renuencia vuelva a olfatear los olores que del miedo de su víctima fluirán para su satisfacción.

Hay una carta que juegan muy mal los agresores, no entienden que sus pertinaces actitudes, pasado el tiempo, se las ve venir en la distancia: reproducen, con fidelidad milimétrica, todos y cada uno de los gestos y palabras, así como la puesta en escena de los mismos, que en otro tiempo dispensaran a su víctima.

Nada como hacer valer la integridad personal frente a semejantes e inmundas criaturas desalmadas. Nada como tomar la única posición posible, aquella en la que el aura de los que te quieren fortalezca tus mermadas energías ante tanta insidia y maldad.

No te rindas, vuelven a ser las tres palabras que ahora recupero para, desde este etéreo espacio, manifestarte mi presencia incólume, que habrá de estar ahí, infranqueable e indestructible, a modo de faro que te permita otear en todo momento mi cercanía, mi estrecha cercanía.

Y no quiero terminar esta pequeña reseña sin acudir a otro momento plasmado en este mismo espacio, momento del que, en este caso, son poco más de diez los años que han transcurrido desde que te lo dedicase. En aquella ocasión llevó por título Para ti, Quijota. Contenía una bonita canción, de nuestro admirado Fito, que también ahora vuelvo a regalártela.

viernes, 11 de julio de 2008

Vergüenza

La vergüenza, ¿tenemos vergüenza, sabemos qué significa eso?.
Relatos escalofriantes, varios periodistas los han venido enunciando desde la mañana, todos los medios han informado…, pero la vida seguía su curso: nuestras afrentas, nuestros desmedidos objetivos, nuestras bobadas cotidianas nos absorbían, no iba con nosotros. Tanto tiempo hablando de ello, tantos años asumiendo la tragedia: nuestras conciencias ya tienen su molde, el molde de la sinvergonzonería. Con ese molde todo acaba por amoldarse, nada se resiste, nuestras etiquetas dan para todos, procedan de donde procedan, a los inmigrantes, de inmediato, les adjudicamos su sambenito; cuando les vemos, no les vemos a ellos, vemos sus estereotipos: ¡no faltaba más que ahora nos diese por ver en ellos a seres humanos!. Un respeto, esto es el primer mundo, el único mundo posible, el mundo de la soberbia, del engreimiento; un mundo de figurantes, es lo que más nos llena, figurar, figurar al frente de una muchedumbre diletante cuyo único estandarte es nuestro propio ombligo.
“Nueve bebés y seis adultos fallecidos es, por el momento, el balance de esta segunda tragedia que vive la costa andaluza esta semana en el intento de los inmigrantes por entrar en España, según la Consejería de Salud. Tal y como han contado los 33 supervivientes de la embarcación rescatada esta madrugada en aguas de Almería, los ocupantes de la patera han ido tirando los cadáveres de sus 14 compañeros al mar, entre ellos sus propios hijos, según iban muriendo tras cinco días de travesía. Además, una mujer ha fallecido en el traslado a puerto. Y cuatro de los supervivientes se encuentran en estado muy grave, entre ellos un niño de menos de un año. Una de las personas ingresadas ha recibido el alta.
Ante lo dramático de la situación, el Ejecutivo no descarta un trato excepcional para los supervivientes. "Cuando hay una situación excepcional, puede haber tratamientos excepcionales", ha afirmado el delegado del Gobierno en Andalucía, Juan José López Garzón…”. http://www.elpais.com/articulo/espana/Jamas/habiamos/encontrado/tragedia/elpepuesp/20080710elpepunac_4/Tes


Mañana será otro día, nos levantaremos con nuestras cuitas a cuestas, nuestras bobadas en ristre, el mundo volverá a resumirse en nuestro único refugio, nuestro ombligo.

La vergüenza, ¿tenemos vergüenza, sabemos qué significa eso?.