Pilar Fraile y Verónica Gago, la semana pasada, en El País, en sendos artículos, ponían el dedo en la llaga; la idea no es nueva, el Neoliberalismo la viene forjando de mucho tiempo a esta parte, con los neofascistas está consiguiendo su objetivo: desactivar a la ciudadanía hasta dejarla exhausta, sin fuerzas, incapaz de reaccionar, de velar por su propia seguridad, cuando de la Administración depende su bienestar e integridad física.
Viene a colación la introducción, considerando lo que a continuación relataré:
Son varios años ya, en los que una manzana de Cehegín, comprendida entre las calles Velázquez, San Vicente y Blas Álvarez, se viene deteriorando, por momentos, con la consiguiente peligrosidad para vecinos y viandantes que ello entraña.
La imagen que este enlace nos muestra corresponde a la parte de la manzana a partir de la cual comienza la Calle Velázquez. Como podréis comprobar, es una imagen del mes de abril, no obstante, los desperfectos que muestra el tejado, cuyo alerón ha ido cayendo poco a poco, aunque en la foto los contenedores de basura están alejados del mismo, a día de hoy, 12 de agosto de 2026, dichos contenedores están justo debajo del lugar al que van a parar dichos cascotes, como muestra la imagen de esta misma tarde.

Si entramos, siguiendo la acera, por la calle San Vicente, podremos observar el cielo abierto del tejado de la casa que conforma el lado opuesto de la manzana, en diagonal. Dicho cielo abierto lo es en virtud de la caída de parte del tejado que dicha casa está sufriendo
La última imagen nos muestra la confluencia de las Calles San Vicente y Blas Álvarez. En la misma, viendo la ropa tendida,
se entiende que en la planta baja de la casa en cuestión vive una familia, en concreto, una joven madre con sus tres hijos pequeños. Familia cuyos medios económicos le impiden abandonar semejante lugar en post de su integridad física.
En la siguiente imagen, se muestra la oquedad que el derrumbe del tejado ha dejado, de momento, a modo de muestra del deterioro peligroso que, a día de hoy, 12 de agosto de 2026, avanza sin prisa pero sin pausa. Dicha oquedad es la que deja el cielo abierto que veíamos en las imágenes anteriores.

Hago un inciso en el relato de la perversa situación que esta encrucijada supone como peligrosidad para cualquier ciudadano que transite por las zonas comentadas. Y lo hago para recordar que, esa ventanuca horizontal, cuya altura fuese claramente mermada en su día, lo fue en virtud de la denuncia que uno hiciese ante el Defensor del Pueblo; y lo fue dado que, por aquel entonces, el travesaño superior de dicha ventanuca, amenazaba caer a la calle por el mal estado que presentaba. La imagen data del año 2010, han pasado 16 años, dieron aquella parcial solución, y el peligro no solo persiste sino que es más patente que nunca.
Seguimos Calle Blas Álvarez hacia abajo, y nos encontramos con una curiosa imagen en la que apreciamos como el muro de una parte de la siguiente construcción, una antigua serradora abandonada a su suerte, está siendo desgajado por, vete a saber quién, supuestamente niños que van quitando rocas y dejando el montículo que la imagen muestra. Montículo que, ayer, rebajara su tamaño dado que las fuertes lluvias caídas arrastraron una parte de la tierra que de dicho muro se desprende cuando arrancan las mencionadas rocas. Un mínimo de dos meses lleva esa imagen, tal como se la ve, sin que hayamos sido capaces, ni vecinos ni autoridades, de dar la voz de alarma y haber tomado la decisión más acertada para tal esperpento.
La situación es insostenible, pero, quienes se supone habrían de hacer algo, la Administración local, no lo hace. El vecindario, permanecemos impávidos, absolutamente maniatados, incapaces de reaccionar.
Hago este escrito, que ahora confecciono, poniendo de manifiesto lo relatado, con la única esperanza de que, ya que no se hace nada para evitar entre posibles lesiones menores a una tragedia de difícil pronóstico, al menos sirva como aviso de que la mencionada manzana, insertada en un enclave de trasiego humano permanente, se tenga en cuenta, a modo individual, por todas y cada una de las personas que conformamos el pueblo de Cehegín.
La tragedia está servida, su puesta en escena solo es cuestión de tiempo.
Santos López Giménez