martes, 4 de febrero de 2025

Esos pijos de izquierdas de los que habla Luis

 De puntillas, así pasaban sus días, así se presentaban en sociedad. No hacían ruido, se desmarcaban de cualquier posibilidad de compromiso. No hacían sino aplicar las mismas memeces que durante décadas sacaban a relucir, un día sí y otro también, escudándose en un egoísmo encubierto, imperceptible para personajes pululadores y aduladores a quienes la baba les resbalaba al tiempo que sufrían desmanes y humillaciones que aplaudían mientras les arrastraban al cadalso.

De puntillas, mirándote por encima del hombro, con gestos ostensibles de asco y rechazo, y nosotras elevando nuestras plegarias allí donde ellas guardan sus tesoros, sus miserias. Allí donde ni nada ni nadie tiene acceso, por una mera cuestión de decencia, esa que nuestros personajes ni tienen ni pretenden cultivarla, va contra sus principios, va contra sus intenciones, es incompatible con su condición de miserables, la que les permite usurpar tus sueños con un cambiazo en el que, convirtiéndolos en bienes materiales, a ti te deja con la imperiosa necesidad de serles siervos de por vida.
Seguimos adelante, nuestra condición de figurantes necesarios nos convierte en personajes de presencia infinita que la mugre humana, esos pijos de izquierdas de los que habla Luis, precisa para justificar su propia existencia.


"Confundir deseos con derechos"


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