martes, 31 de marzo de 2020

Escenario con indeseables figurantes

            El proceso fue lento, al tiempo que vertiginoso. En pocas semanas, aquellos ecos de confinamientos orientales, tomaron cuerpo, nos atropellaron sin pedir permiso. Como criaturas desamparadas, la ciudadanía gritaba desesperada buscando motivos que justificasen todo. Engendros de difícil adscripción humana, vieron en esa hecatombe la razón de ser de su existir.

            Frente a esa resumida constancia, de lo vivido en un primer momento, se desarrollaba un día a día jamás imaginado. Cuando más necesaria se hacía la tranquilidad y el sosiego, disponer de todo el tiempo del mundo, para una mayoría ciudadana, generaron escenarios de confusión, mentira y manipulación, que llevó a los especialistas en salud mental a aconsejar, a modo de terapia, aquello que nunca debió aconsejarse, apagar radio y televisión, si es que en tiempos post modernos apocalípticos esos medios tenían algún sentido.

            Resistiré, teletrabajo, confusión por las medidas adoptadas, aplausos a las 8 de la tarde, grupos de whatsapp donde perder el norte, radio, cine, lecturas, poco más. La continuación ha sido monótona, la preside el miedo, aunque no faltan especialistas que no lo recomienden. Con calzador, pero entró, se ha hecho fuerte: qué complicado darle esquinazo, qué difícil naturalizarlo; cuando menos, incómodo, no deja margen a la concentración, ni mucho menos a la paz interior: atosiga, cansa, su presencia no ayuda en nada, pero es inevitable.

           Los no adscritos siguen a marchamartillo su asquerosa labor minadora. Cuando un día salgamos de esta situación infame, al leer los diarios de cada una de las jornadas vividas, la sensación será le de que estos engendros veían, en cada una de ellas, una oportunidad para hacer aquello que saben, hacer el gamberro sin miramientos ni escrúpulos, dando sentido al término que tanto gustan les sea asignado, poniendo de manifiesto su condición de víctimas: nada pone más a un fascista que se lo digan.

Santos López Giménez

pd: indeseable, según la RAE, despreciable, malnacido.
         

         

            

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