miércoles, 18 de noviembre de 2020

Trasvase Tajo-Segura

 

Años escuchando la misma cantinela: “el agua del trasvase ha evitado la desertización de Murcia”. Resulta del todo insultante que la Comunidad Científica no les haya parado los pies desde hace mucho tiempo. Aún resuena, por lo ridículo, la intervención del candidato que, en representación del grupo político que presentase una moción de censura contra Pedro Sánchez, haciendo uso de sus muchos minutos de gloria, que dicha circunstancia le otorgasen, volvía a repetirlo desde el estrado del Congreso de  Diputados y Diputadas.

Los medios se hicieron eco, las emisoras de radio, se hicieron eco, pero, sólo eso, se hicieron eco, nadie salió desde los medios a recordarle que el trasvase no aseguraba nada, sólo la pérdida de biodiversidad en el Tajo y su cuenca, que le están conduciendo a una muerte inevitable.

La destrucción de los espacios naturales, y la consiguiente secuenciación de anomalías medioambientales planetarias, podría revertirse si la sostenibilidad no fuese el comodín de charlatanes que utilizan un concepto científico, como el mencionado,  para añadirlo a cada una de sus andanadas contra el medio ambiente, si de especular con el medio se trata.

Citaba el candidato los variados y falsos argumentos, según los cuales, la biodiversidad en Murcia era mayor desde que entrase en funcionamiento, allá por 1979, el complejo y mastodóntico proyecto que derivaba las aguas del Tajo hacia el Segura. Mencionaba el freno de la desertización en Murcia, consecuencia del mismo. Ni la una ni la otra son ciertas. De ser cierto en Murcia, que no lo es, el déficit hídrico de la cuenca del Tajo, a quién está perjudicando sobremanera, es al espacio geográfico que alberga dicha cuenca. Y ese perjuicio no es otro que el que deviene de la pérdida de la dinámica ecológica que un curso de agua, de la importancia del Tajo, conlleva, traduciéndose en la inevitable pérdida de biodiversidad acompañada de la desertificación del territorio como consecuencia de la merma constante de humedad ambiental que le ha de dar soporte y la ha de acompañar en su desarrollo como medio que ampara a los seres vivos que la precisan.

Y qué decir de Murcia, miles de hectáreas ilegales de regadío puestas en marcha durante los últimos 35 años, no parece que hagan presagiar un uso sostenible de la utilización del agua como recurso natural, puesto que, con parámetros medioambientales, hace mucho tiempo que el regadío en Murcia sobrepasó los límites permisibles respecto de las cantidades que el trasvase suministra a la región. De eso va la sostenibilidad, no es un epíteto gratuito que empleen desvergonzados personajes de la vida socio-política, con intereses espurios en materia de urbanizaciones masivas y descontroladas que han venido caracterizando a nuestra maltrecha región durante décadas.

La desertización, en todo caso, es un proceso natural que acompaña a los suelos del planeta en virtud de las condiciones que el medio impone, siendo la meteorología y la vegetación imperantes las que intervienen de modo determinante en la concreción de la misma. Las grandes obras hidráulicas, como la que nos ocupa, más aún cuando ni siquiera ha existido intención de corregir en origen ni en destino, los desatinos de dicho trasvase, es un elemento de insostenibilidad medioambiental de cuyos efectos incontrolados bien puede dar fe, como ejemplo de máximo impacto, el deplorable estado del Mar Menor.


Santos López Giménez


Audio del texto en Onda Cero




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