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jueves, 29 de marzo de 2012

29 de marzo: Huelga General


                          Durante los últimos días, en la antesala del 29 de marzo, las más dispares miserias humanas, como si de un muestrario se tratara, fueron pasando ante mí. De ese infame desfile de argumentos vacuos, una de las más tristes conclusiones a las que he llegado es la de que vivimos rodeados de almas caritativas cuyo sentido de la solidaridad es un remedo de la indigna, por inhumana, caridad cristiana. A no mucha distancia, puesto que las liga el mismo espíritu, se agolpa el egoísmo materialista que la pobreza moral destila. Y ya, en un plano diferente, pero que traspasa las inocuas meninges de nuestros conciudadanos, dejándoles inmersos en un submundo, escogido libremente, de desinformación interesada, hallamos algunas de las claves fundamentales de la apatía social predominante: si no leo, no sufro; si no me informo, no hago tambalear mis inexistentes principios; si no me dejo explicar, oculto mi indignidad ciudadana. Así somos, así funciona el entramado humano del que formamos parte.
                          Hoy, ante la aberrante reforma laboral que ha diseñado el gobierno español, que quita luz al ya oscuro panorama que nos contempla, estamos convocados a una Huelga General que, cuando menos, nos haga recuperar el papel protagonista al que el pueblo jamás debe renunciar. Secundarla o no, faltaría más, es una decisión personal, de cada cual. Pero, mantener alta nuestra dignidad, frente a nosotros mismos, frente a nuestros hijos, frente a la sociedad, es incompatible con la desidia, la indiferencia, la falaz equidistancia de muchos.
                          Son muchas las personas que velan por el mantenimiento de unos derechos adquiridos en el tiempo, en contextos de dolor e injusticias, por antepasados que sí sentían y apreciaban la solidaridad como un elemento de permanente futuro y no como descafeinada escusa de denigrante presente. ¿Merece la pena apostar por una alienada sociedad incapaz de ver más allá del halo de miedo donde la han instalado?. Uno tiene claro que sí, que, a pesar de todo, merece estar y combatir, desde los frentes que cada uno considere…, de momento, hoy, secundando la Huelga General.
                            Por último, y frente a uno de los latiguillos más a mano de los indiferentes, repitiendo, como corderos amansados, las consignas de los medios de comunicación ultraderechistas, en el sentido de desprestigiar a la política y, sobre todo ahora, al sindicalismo, deseo destacar a la persona del entorno social en el que vivo que, más y mejor, con su actitud valiente y combativa, está luchando por la defensa de nuestros derechos sociales y laborales. Me refiero a  Maria Jose Rodriguez Hernandez , concejal de IU en el Ayuntamiento de Cehegín: a ella, y a todas/os sus compañeras/os de Iu Cehegín, como conciudadano suyo, les doy las gracias porque han logrado situar en todo lo alto mi orgullo ciudadano.


Santos López Giménez



jueves, 30 de septiembre de 2010

Diario de un esquirol

A punto de finalizar el día, no un día cualquiera, sino el día para el cual había convocada una huelga general, me cuesta ir a la cama sin reflexionar sobre la misma. Las primeras ideas que me rondan giran en torno a los sindicatos. Los sindicatos convocaron esta huelga y es lógico que sean ellos los primeros que asalten mi mente. Su presencia es incuestionable, obviedad que deseo dejar patente ante la enorme sarta de improperios que, en los últimos tiempos, les llueven. Cuestionarlos sería igual que cuestionar a los partidos políticos, aunque éstos se lo vienen poniendo fácil a aquellos que suelen hacer tabla rasa cada vez que un turbio asunto de corrupción salta a los medios. Unos y otros, sindicatos y partidos, podrán cambiar de formato, reorganizar su modo de interactuar con la sociedad, que falta les hace, pero sin ellos sería impensable la democracia, al menos del modo que durante los últimos treinta años hemos creído, en España, que se sustentaba. No significa que no hayan otros potenciales modos de organización social en libertad, los hay y sería bueno que fuesen tomando posiciones, y, paralelamente, no estaría mal que entrasen en escena muchas personas cuya valía social está ampliamente demostrada y que, haciendo el juego a los detractores de la política, se parapetan tras halos de insustituibles profesionales. Pero, esta concatenación de ideas preestablecidas, se queda en eso, en una sucinta enumeración de principios básicos que, se supone, garantizan una mínima solidez de las estructuras sociales y políticas.
Hoy, uno ha vivido, ideológicamente, el día más extraño de su vida; por momentos, creía traicionarme a mí mismo. Sin embargo, agrupadas las declaraciones de unos y otros, tanto las que el día ha generado, como las que se venían vertiendo días pasados; escuchadas las sandeces televisivas que, sobre el desarrollo del día, se iban sucediendo; y, sobre todo, considerando mi particular análisis sobre quienes, realmente, precisan de una masiva solidaridad social, si nos ceñimos a España y nos circunscribimos al ámbito laboral, es decir, parados e inmigrantes, llegaba uno a la conclusión de que su posición, por difusa e indefinida que fuese, frente a esta convocatoria, era una más de las posibles ante las verdaderas injusticias que asolan nuestra sociedad.
Cuando, a lo largo del día, algunas cadenas se regodeaban con las gamberradas de unos delincuentes disfrazados de manifestantes, y les llamaban antisistema, me recordaba a la época pepera cuando altos dirigentes del PP utilizaban el término radical como arma arrojadiza. En ambos casos, los dos términos, aplicados correctamente, no designan a nadie que no se conduzca con civismo: sólo desde la radicalidad, o sea, desde el análisis de raíz, y desde una posición fuera del actual escenario, o sea, antisistema, hemos de intentar seguir avanzando. El asunto no se reduce a interpretar si han ganado los sindicatos o el gobierno, el asunto sería analizar el grado de pedagogía solidaria que desde las estructuras políticas y sindicales se es capaz de otorgar a la sociedad, y ése, me temo, no es que sea mínimo, estamos en retroceso.
Entre tanto, mañana, hoy ya, Carmen, parada en estos momentos, seguirá acudiendo, como ayer, 29 S, a sus actividades de cara a preparar un nuevo curso con sus chicos y chicas de Iniciación Profesional; continuará atendiendo a todas las personas que suelen pedirle ayuda, a las que acompaña de aquí para allá, intentando resolver múltiples asuntos, de toda índole, en ocasiones insalvables y lamentables; por mi parte, mañana, 1 de octubre, iniciaré una nueva singladura con el Taller de Apoyo al Estudio, por sexto año consecutivo, cuya remuneración sigue un recorrido tipo Guadiana: el pasado año no tocó, éste, está muy difícil, pero el Taller seguirá adelante, eso si lo puedo asegurar; mientras que mis horas de la mañana, seguirán ocupadas en otra actividad, con la cual puedo aportar una pequeña cantidad mensual a la maltrecha economía familiar.
Por todo ello, incluido el último e íntimo párrafo, uno seguirá confiando y apostando por un gran valor social, la solidaridad, que hace tiempo se esfumó y que algunos creen poseer por dar migajas de la mucha calderilla que les estorba.
Ahora sí, toca descansar.

Santos López Giménez

lunes, 7 de junio de 2010

8 de junio

Me invitaron el pasado domingo a visitar el siguiente enlace: http://lasuciasociedad.blogspot.com/2010/06/una-mierda-para-unos-cuantos.html. A través de la lectura que nos brinda, uno sólo pretende dar paso a lo que mañana, hoy para casi todos/as, se habrá de producir, es decir, una huelga de funcionarios públicos a nivel nacional. Al margen del mayor o menor grado de "éxito" que pudiese tener, trato de tomar posiciones, respecto del asunto, y me veo desvalido.
Leyendo y escuchando los flujos informativos, que se generan a espuertas, es difícil aproximarse a postura alguna. Tal vez, un artículo que hoy ha circulado de correo en correo: http://www.tercerainformacion.es/spip.php?article15806, pudiera estar cerca, no ya de posicionamiento alguno, sí de una realidad cruda y áspera como ella sola.
Mañana, hoy para casi todas/os, se supone, reitero, que el funcionariado español va a una huelga; pero, me pregunto, ¿saben, los convocantes, quienes son los personajes y/o estamentos contra los cuales, teóricamente, habrían de recaer las repercusiones de la misma?. Me temo que no desean saberlo. De saberlo, de querer hacer caer esa responsabilidad sobre quien merece todos los desprecios, no harían el simulacro que se avecina, sería necesaria, sin ensayo alguno previo, una enorme Huelga General que todos debieramos secundar. Pero además, parece obvio, como a pesar de todo, suponiendo un enorme éxito de la misma, esas desgraciadas figuras de la banca internacional se pasarían por el forro nuestros devaneos huelguísticos, sería preciso emprender esa otra ruta que, meses atrás, muchos, ingenuamente, proclamaban que estaba en marcha, y que nos habría de conducir hacia un nuevo escenario internacional, en lo económico, donde las patrañas del capitalismo dejasen de tener su demoledora intervención sobre los Estados. En todo caso, esa nueva ruta, conlleva cambios drásticos añadidos a los hábitos y costumbres ciudadanas, y es ahí, en esa tesitura, desde la cual hemos de volver al principio de este escrito: ¿En verdad, tiene sentido, ante el cúmulo de desgracias personales que se avecinan, que hayan de ser los funcionarios los primeros en reclamar que de lo suyo que no se toque ni un ápice?. Supongo que hay defensas que han de llevarse a cabo por el bien común, creo que ésta pudiera ser una de ellas, pero, desgraciadamente, la situación, jerárquicamente, no me deja margen para la solidaridad con la huelga propuesta.