sábado, 30 de mayo de 2020

Que nada ni nadie reviente sus ansias de vivir en paz

Audio, Intervención en nombre de Unidas Podemos-IU Cehegín


El encuentro se produjo a la altura del quiosco de música. Fue un abrazo breve. Las dos se miraron un instante a los ojos antes de separarse. ¿Se dijeron algo?, nada. No se dijeron nada.

Tal vez, estas palabras, expresadas así, fuera de contexto, digan muy poco. Pero, cuando estás llegando al final de Patria, la magistral obra de Fernando Aramburu, que con excelso dominio del lenguaje, va desentrañando el dolor y la sinrazón de años dramáticos en la historia de la tierra que le viera nacer y crecer, esas tres líneas, con las que pone fin a su obra, dicen mucho al lector que, guiado por el desarrollo de los acontecimientos, solo enfatizando en aquello que el relato le va ofreciendo, ha ido aproximándose a unos hechos donde la crueldad se instalaba a ambos lados del fiel de la balanza.

Patria, como obra literaria, portadora de un mensaje de Paz y futuro, comienza a tomar forma, desde el momento en el que, un buen día de octubre de 2011, un anuncio, muy esperado por todas y por todos, salta a la palestra: la banda criminal ETA anunciaba el cese definitivo de la violencia

En la madrugada del 20 al 21 de octubre, tras tener conocimiento del mencionado anuncio, escribí mis impresiones, blandiendo  toda la fuerza y la rabia que, manaban del hartazgo y del dolor que nos infringieron durante años unas infelices criaturas, quienes, creyéndose portadores de los deseos de un pueblo, el vasco, que jamás les concedió tales prebendas, cuyo hastío y dolor infinitos pesaban como endemoniadas espadas de Damocles ocluyendo e impidiendo la normalización del permanente futuro de esa sociedad, de manera definitiva anunciaban lo que tanto la sociedad española en su conjunto habíamos deseado. Pero, qué duda cabe, el pueblo vasco fue el gran beneficiado de aquella anhelada decisión. Las ventanas del futuro se abrían de par en par.


Durante los años en los que los atentados llenaban de dolor y sufrimiento a nuestra sociedad, las voces que clamaban para que las armas fueran depuestas y aquellas reivindicaciones que, supuestamente, enarbolaba la banda criminal, fueran defendidas desde la política, eran unánimes, nos dábamos de bruces pensando en la arcadia ideal que sería aquella en la que todas la ideas fuesen defendidas desde el plano de la política y no desde posturas de violencia y terror.

Pues bien, algo tan sencillo como la comprensión de ese deseo, de amplísimo espectro social, después de aquel 20 de octubre de 2011, ha pasado a convertirse en una perversa herramienta, con carácter eterno, que las fuerzas políticas más reaccionarias, la extrema derecha y la derecha extrema, utilizan sin decoro ni inteligencia para verter sobre quienes aceptaron la presencia social y política de fuerzas cuya adscripción democrática, a día de hoy, no debiera ofrecer dudas, por mucha porquería manipuladora que utilicen.

Por todo ello, en ese párrafo final de Patria, cuando las dos viejas amigas, Bittori y Miren, a las que ETA, y todo el drama que su presencia conllevó, había separado, en ese abrazo breve, en un encuentro que, si bien sus vísceras no lo deseaban, sus almas lo necesitaban como el aire que respiran, está inmerso el anhelo y el deseo de todo un pueblo, el pueblo vasco, que no quiere que nada ni nadie vuelva a reventar sus ansias de vivir en paz.

Santos López Giménez



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