Así como la vida no tiene diseños rigurosos, así como las circunstancias van determinando nuestro discurrir vital, del mismo modo, con apenas unas pinceladas, antes de salir de casa, para que no todo esté expuesto al azar, nuestra excursión anual de agosto, nace bajo esa premisa.
Un viaje no se desarrolla mientras se ejecuta, lo hace desde el primer momento en el que los componentes del mismo comienzan a pensar en él. Las primeras puestas en común, las primeras divergencias en torno al lugar de destino, sobre si el campamento base será una casa rural o un camping, ahí, en esa aproximación inicial, ya estamos embarcados en el viaje. Del mismo modo que, hoy, cuando me siento a escribir, uno sigue enhebrado a su estela.
La imagen inicial, el collage fotográfico, no hace mas que ilustrar el marco final que ocho días en familia, fuera de casa, dejan para el recuerdo.
Por ser esa mezcla de campo, medio marino, recorridos urbanos y rurales, de excepcional teatro, una amalgama que no precisa ceñirse a un orden cronológico, y por no desmerecer ninguno de los días que tuvimos para nosotros, no habrá más orden expositivo que el que los recuerdos me vayan dictando.
Allá donde vamos no puede faltar una ruta senderista en la que, de ser posible, se corone algún alto significativo de la zona visitada. Con este criterio, forjamos la ruta que, el pasado
2 de agosto, llevásemos a cabo. Se trata de una ruta circular, que comienza y termina en Goizueta, de unos 15 km de recorrido, cuyo perfil muestra el punto más alto en el
monte Mandoegi, pasando de los 155 metros de Goizueta a los 1.045 del mencionado monte. Uno de los atractivos de la misma son los cromlech, monumentos funerarios megalíticos formados por una serie de menhires que cierran un espacio de terreno de forma elíptica o circular. Pero, sin duda, los paisajes que, desde la cuerda de montes, por los que discurre la ruta, se podían contemplar, son por sí mismos garantes de una preciosa excursión de montaña. En tiempo estimado, siempre ocurre que empleas más del que las hojas informativas te muestran. No en vano, te detienes por mil razones, casi todas contemplativas, bien de paisajes, bien de flora y fauna, con las que vas tropezando en tu deambular. Sin embargo, a veces, como en esta ocasión, un contratiempo se cuela en el guión: cuando llevábamos unos 4 km recorridos, nuestro perro, Niebla, mostró signos de cansancio, nada comunes en él, que nos hicieron parar en seco para atenderle y, felizmente, se recuperó sin que en ningún otro momento del día dichos signos volviesen a aparecer.
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Perfil de la ruta |
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Desde las primeras crestas |
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Grupal. Donosti al fondo |
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Cromlech |
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Avistando el Mandoegi,
y las rapaces que lo sobrevuelan |
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1.045 metros |
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Llegó hasta arriba, y así de feliz estaba |
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En todo lo alto |
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Desde la cima del Mandoegi, contemplando
buena parte de la cuerda transitada |
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Bajando: caballos, vacas, caseríos...
la inmensidad del valle |
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Terminando la ruta, un todoterreno acababa de atropellar
a una víbora, expulsando a su presa: un topillo |
Para el
4 de agosto, fijamos, sobre la marcha, una de las actividades que venían previstas desde casa. La obra
"El Florido Pensil-Niñas", que habría de representarse en el Teatro Principal de
Donosti, la ubicamos para ese día, considerando las previsiones meteorológicas que invitaban al recogimiento y los paseos por la ciudad de San Sebastián. Estrenada veinte años atrás, en su versión masculina, la que derivaba de la literalidad de la obra del profesor de Derecho de la Universidad de Granada, Andrés Sopeña, representada por el grupo Tanttaka, con cinco actrices en escena, lo peculiar de esta versión, radicaba en el punto de vista femenino de la misma:
"Una mirada divertida y liberadora sobre la absurda brutalidad del sistema educativo que dominó la España de la postguerra y que convirtió a la mujer en madre abnegada y esposa sumisa sin autonomía alguna".
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Donosti a la mañana |
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Museo Naval, Donosti,
exposición "La mujer y el mar" |
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Llovía cuando entramos al Teatro,
chirimireaba a la salida
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El día anterior, el 3 de agosto, para otra de las actividades fijadas desde casa, en este caso, sin opción de elección en el día, por haber reservado vía internet la visita, nos dirigimos hasta el pueblo de Baquedano, en el Parque Natural de Urbasa, desde el cual se iniciaba un precioso recorrido que nos conduciría al Nacedero del Río Urederra.
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Primeras estribaciones hacia el Nacedero |
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Tranquilas y limpias aguas |
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El control riguroso de visitas
y sus beneficiosos efectos |
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Seguimos el curso a la inversa |
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El Urederra salta al nacer:
gozada de ruta |
Un alto en el camino, a la vuelta, para dar cuenta de las viandas que siempre nos acompañan en nuestras excursiones. Para continuar ruta hacia Pamplona, cuya visita la llevaríamos a cabo durante la tarde de ese 3 de agosto.
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En la orilla de la carretera,
atravesando la altiplanicie de Urbasa |
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Callejeando por Pamplona |
El primer día, de nuestra estancia norteña, lo dedicamos a visitar el bosque de Oma. Curioso bosque, de pinos, robles y castaños, que Agustín Ibarrola tuviese a bien dotarlos de una caracterización pictórica, mediante la cual, juega con las diferentes perspectivas del paisaje inmediato, forzando al visitante a buscar la posición más adecuada que le permita configurar el puzle de figuras aisladas que unidas por la misma tengan un sentido. Pero, más allá del literal sentido hallado, bien pudiera parecer una alegre ocurrencia, la de Ibarrola, cuya aceptación corre de cuenta de cada cual.
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En Oma, mil ojos nos observaban |
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El Bosque pintado de Ibarrola |
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La perspectiva creadora |
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Estaticismo cromático
versus movimiento biológico |
El quinto día tuvo a Urdaibai como protagonista de nuestras andanzas. En realidad, su protagonismo derivó de la cita que, a la tarde, habíamos concertado con nuestra amiga Teresa. Con Teresa tuvimos un primer encuentro, en Guernica, el día de la visita al Bosque de Oma, y de ahí surgió la posibilidad de volver a vernos para que, como anfitriona, nos condujese a algunas de las bonitas playas que jalonan este importante espacio natural.
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En el corazón de Urdaibai |
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Para cinéfilos, desde Bermeo,
Isla de Ízaro, ¿os suena? |
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Baño en Mundaka |
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Con Teresa, en Playa Laga |
El modo elegido, para dar forma a este escrito, no ha descolocado a las últimas visitas que, primero Leitza, por la mañana, y luego Ezkurra, por la tarde, habríamos de realizar en el sexto y último día de nuestro periplo norteño. Próximos a Goizueta, era imperdonable no visitarlos.
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Primera grata sorpresa en Leitza,
punto de información con nevera librera |
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Otra de cinéfilos en Leitza...,
la plaza de los Apellidos... |
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En Ezkurra, el paisano se lamentaba
del envejecimiento de sus habitantes |
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Ezkurra |
Pero, antes de dar por finalizado lo vivido durante esos días de primeros de agosto, ni puedo ni debo hacerlo sin nombrar la casa que nos acogió y al dueño de la misma, Patxi. Desde que comunicásemos con él, para las gestiones del alquiler, dio muestras de una simpatía y generosidad que sería injusto no destacarlas desde este espacio. El caserío que nos alojó recibe el nombre de Txamora Berri, situado a 3 km de Goizueta.
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Los tres ventanales superiores,
a la izquierda, los nuestros |
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Desde la cocina |
Encantador y muy acogedor, sirvan como referente de su encanto algunas de las vistas diarias que, desde el ventanal del salón, hicimos cada amanecer.
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Lunes |
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Martes |
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Miércoles |
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Jueves |
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Viernes |
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Sábado, a medio día |
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El punto reseñado indica la ubicación de Goizueta |
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Vista de Goizueta, la tarde de la llegada |
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Antiguo lavadero de Goizueta |
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Encantador ambiente climatológico,
dándonos la bienvenida |
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En Goizueta, junto al Urumea,
que acaba desembocando en Donosti |
Santos López Giménez
Los relatos de otros años: