domingo, 25 de mayo de 2008

A mi padre

En mayo de 2006, coincidiendo con el aniversario de su partida, 25 de mayo, en varios medios, incluida mi querida Cartas Sin Sellos, me fue publicada la carta que ahora transcribo. El recuerdo de mi padre es imborrable, como lo es el mucho amor que nos dejó:

Carta a mi padre: 4 años sin tu presencia física.

De niño me encantaba sentarme cerca para escuchar tus conversaciones con los amigos, con la familia, con los vecinos, eras un conversador empedernido. Esos 17 años, durante los cuales estuviste bajo el dictado de tu enfermedad, no mermaron en mí el recuerdo y las sensaciones de hablarte y escucharte. Algunas personas no pudieron soportar verte en ese estado de aparente apatía. En todo momento traté de explicar, a quien quiso escucharme, que si bien tu enfermedad te había bloqueado, en parte, la capacidad para desenvolverte oralmente como siempre lo habías hecho, sin embargo, el brillo de tus ojos y la certeza de que algunos asuntos no dejaron de interesarte jamás, me llevaban a mantener contigo pequeñas charlas, no muy prolongadas, pero con la suficiente fuerza como para ser consciente de que, a pesar de la maldita enfermedad, tu ilusión por vivir jamás decayó. Recuerdo que en cierta ocasión, tras demasiadas insinuaciones que me llegaban en el sentido de que te encontrabas en un estado vegetativo, recurrí a esas cartas al Director que, tú sabes, tanto me gusta escribir: escribí una carta que titulé “Pedro el casillero, vive”; y, sabes una cosa, vivías entonces, en toda la dimensión de la palabra, y vives ahora, porque estás presente en las almas de todos los que nunca te olvidaremos; pero una personita, la más pequeña de tus nietas, es la que más te nombra, ¿será casualidad que a ella le encante conversar?.
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