sábado, 13 de febrero de 2010

Garzón se vale solo

Que levanten la mano aquellas personas que jamás pusieron en duda la honorabilidad profesional de Garzón. A ver, veo muy pocas manos alzadas. A qué viene semejante rasgadura de vestiduras, ¿linchamiento?: desde finales de los ochenta, en que comenzara a fraguarse su leyenda, la de un juez íntegro que iba a por todas las formas de delincuencia conocidas, personas de toda ideología han arremetido contra él según cuales fuesen los objetivos de su actuación profesional. Lo de ahora, que habrá de revertirse, no me cabe la menor duda, no es sino la plasmación de las tesis de la supuesta derecha civilizada. Cuántas veces se le ha escuchado a Rajoy, o a alguno de sus adláteres (no sabe uno muy bien quién es adláter de quién), decir frases semejantes a "esas cosas a nadie interesan, a los ciudadanos normales les importan otras cosas...", y cuando Rajoy y/o sus adlátares, y/o viceversa, dicen eso, "esas cosas..." suelen ser homosexuales, inmigrantes, desaparecidos de la guerra civil, y otras menudencias con las que algunos marean la perdiz, según el adláter Rajoy. Pero de ese batiburrillo, la ultraderecha, siempre al acecho de lo que dice su versión "civilizada", saca petróleo.

Estos días van y vienen, por doquier, manifiestos y escritos en favor de Garzón, yo mismo me adherí, a través de facebook, a uno de ellos. En realidad, qué defendemos, a Garzón, Garzón no necesita nuestras adhesiones, estoy convencido de que, salvo el calor humano, que todos precisamos, las adhesiones de otra índole no las necesita, sabrá defenderse como sólo él sabe hacerlo. Garzón no nos necesita, nos necesitan las miles de familias que, en toda España, tras tantas décadas de silencio y humillación siguen clamando para hacer con sus muertos lo que cada hijo de vecino desea hacer con los suyos.

Sugiero, si de algo vale, que para apoyar a Garzón, con la misma intensidad de las movilizaciones internautas de estos días, nos movilicemos todos para que todas las causas abiertas, al amparo de la Ley de Memoria Histórica, salgan adelante.

Santos López Giménez

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