miércoles, 17 de agosto de 2016

Collage, desde Goizueta




























                Así como la vida no tiene diseños rigurosos, así como las circunstancias van determinando nuestro discurrir vital, del mismo modo, con apenas unas pinceladas, antes de salir de casa, para que no todo esté expuesto al azar, nuestra excursión anual de agosto, nace bajo esa premisa.
                Un viaje no se desarrolla mientras se ejecuta, lo hace desde el primer momento en el que los componentes del mismo comienzan a pensar en él. Las primeras puestas en común, las primeras divergencias en torno al lugar de destino, sobre si el campamento base será una casa rural o un camping, ahí, en esa aproximación inicial, ya estamos embarcados en el viaje. Del mismo modo que, hoy, cuando me siento a escribir, uno sigue enhebrado a su estela.
                La imagen inicial, el collage fotográfico, no hace mas que ilustrar el marco final que ocho días en familia, fuera de casa, dejan para el recuerdo.

                Por ser esa mezcla de campo, medio marino, recorridos urbanos y rurales, de excepcional teatro, una amalgama que no precisa ceñirse a un orden cronológico, y por no desmerecer ninguno de los días que tuvimos para nosotros, no habrá más orden expositivo que el que los recuerdos me vayan dictando.
                Allá donde vamos no puede faltar una ruta senderista en la que, de ser posible, se corone algún alto significativo de la zona visitada. Con este criterio, forjamos la ruta que, el pasado 2 de agosto, llevásemos a cabo. Se trata de una ruta circular, que comienza y termina en Goizueta, de unos 15 km de recorrido, cuyo perfil muestra el punto más alto en el monte Mandoegi, pasando de los 155 metros de Goizueta a los 1.045 del mencionado monte. Uno de los atractivos de la misma son los cromlech, monumentos funerarios megalíticos formados por una serie de menhires que cierran un espacio de terreno de forma elíptica o circular. Pero, sin duda, los paisajes que, desde la cuerda de montes, por los que discurre la ruta, se podían contemplar, son por sí mismos garantes de una preciosa excursión de montaña. En tiempo estimado, siempre ocurre que empleas más del que las hojas informativas te muestran. No en vano, te detienes por mil razones, casi todas contemplativas, bien de paisajes, bien de flora y fauna, con las que vas tropezando en tu deambular. Sin embargo, a veces, como en esta ocasión, un contratiempo se cuela en el guión: cuando llevábamos unos 4 km recorridos, nuestro perro, Niebla, mostró signos de cansancio, nada comunes en él, que nos hicieron parar en seco para atenderle y, felizmente, se recuperó sin que en ningún otro momento del día dichos signos volviesen a aparecer.
                         
Perfil de la ruta
                           
Desde las primeras crestas
Grupal. Donosti al fondo
                                                                             

Cromlech

Avistando el Mandoegi,
 y las rapaces que lo sobrevuelan

1.045 metros
                                                                                   
Llegó hasta arriba, y así de feliz estaba
 En todo lo alto

Desde la cima del Mandoegi, contemplando
 buena parte de la cuerda transitada


Bajando: caballos, vacas, caseríos...
la inmensidad del valle
Terminando la ruta, un todoterreno acababa de atropellar
 a una víbora, expulsando a su presa: un topillo

               Para el 4 de agosto, fijamos, sobre la marcha, una de las actividades que venían previstas desde casa. La obra "El Florido Pensil-Niñas", que habría de representarse en el Teatro Principal de  Donosti, la ubicamos para ese día, considerando las previsiones meteorológicas que invitaban al recogimiento y los paseos por la ciudad de San Sebastián. Estrenada veinte años atrás, en su versión masculina, la que derivaba de la literalidad de la obra del profesor de Derecho de la Universidad de Granada, Andrés Sopeña, representada por el grupo Tanttaka, con cinco actrices en escena, lo peculiar de esta versión, radicaba en el punto de vista femenino de la misma:  "Una mirada divertida y liberadora sobre la absurda brutalidad del sistema educativo que dominó la España de la postguerra y que convirtió a la mujer en madre abnegada y esposa sumisa sin autonomía alguna". 



Donosti a la mañana




Museo Naval, Donosti, 
exposición "La mujer y el mar" 
Llovía cuando entramos al Teatro, 
chirimireaba a la salida

                   El día anterior, el 3 de agosto, para otra de las actividades fijadas desde casa, en este caso, sin opción de elección en el día, por haber reservado vía internet la visita, nos dirigimos hasta el pueblo de Baquedano, en el Parque Natural de Urbasa, desde el cual se iniciaba un precioso recorrido que nos conduciría al Nacedero del Río Urederra.
Primeras estribaciones hacia el Nacedero
Tranquilas y limpias aguas



El control riguroso de visitas
 y sus beneficiosos efectos

Seguimos el curso a la inversa


El Urederra salta al nacer: 
gozada de ruta


                  Un alto en el camino, a la vuelta, para dar cuenta de las viandas que siempre nos acompañan en nuestras excursiones. Para continuar ruta hacia Pamplona, cuya visita la llevaríamos a cabo durante la tarde de ese 3 de agosto.
En la orilla de la carretera, 
atravesando la altiplanicie de Urbasa



Callejeando por Pamplona


                   El primer día, de nuestra estancia norteña, lo dedicamos a visitar el bosque de Oma. Curioso bosque, de pinos, robles y castaños, que Agustín Ibarrola tuviese a bien dotarlos de una caracterización pictórica, mediante la cual, juega con las diferentes perspectivas del paisaje inmediato, forzando al visitante a buscar la posición más adecuada que le permita configurar el puzle de figuras aisladas que unidas por la misma tengan un sentido. Pero, más allá del literal sentido hallado, bien pudiera parecer una alegre ocurrencia, la de Ibarrola, cuya aceptación corre de cuenta de cada cual.
En Oma, mil ojos nos observaban
El Bosque pintado de Ibarrola


La perspectiva creadora
Estaticismo cromático 
versus movimiento biológico



                  El quinto día tuvo a Urdaibai como protagonista de nuestras andanzas. En realidad, su protagonismo derivó de la cita que, a la tarde, habíamos concertado con nuestra amiga Teresa. Con Teresa tuvimos un primer encuentro, en Guernica, el día de la visita al Bosque de Oma, y de ahí surgió la posibilidad de volver a vernos para que, como anfitriona, nos condujese a algunas de las bonitas playas que jalonan este importante espacio natural.
En el corazón de Urdaibai


Para cinéfilos, desde Bermeo, 
Isla de Ízaro, ¿os suena?



Baño en Mundaka



Con Teresa, en Playa Laga


                  El modo elegido, para dar forma a este escrito, no ha descolocado a las últimas visitas que, primero Leitza, por la mañana, y luego Ezkurra, por la tarde, habríamos de realizar en el sexto y último día de nuestro periplo norteño. Próximos a Goizueta, era imperdonable no visitarlos.
Primera grata sorpresa en Leitza, 
punto de información con nevera librera


Otra de cinéfilos en Leitza..., 
la plaza de los Apellidos...
En Ezkurra, el paisano se lamentaba
 del envejecimiento de sus habitantes






Ezkurra



                 Pero, antes de dar por finalizado lo vivido durante esos días de primeros de agosto, ni puedo ni debo hacerlo sin nombrar la casa que nos acogió y al dueño de la misma, Patxi. Desde que comunicásemos con él, para las gestiones del alquiler, dio muestras de una simpatía y generosidad que sería injusto no destacarlas desde este espacio. El caserío que nos alojó recibe el nombre de Txamora Berri, situado a 3 km de Goizueta.

    Los tres ventanales superiores, 
a la izquierda, los nuestros



Desde la cocina
         
    Encantador y muy acogedor, sirvan como referente de su encanto algunas de las vistas diarias que, desde el ventanal del salón, hicimos cada amanecer.
Lunes
Martes
Miércoles
Jueves
Viernes
Sábado, a medio día



El punto reseñado indica la ubicación de Goizueta
Vista de Goizueta, la tarde de la llegada
Antiguo lavadero de Goizueta
Encantador ambiente climatológico, 
dándonos la bienvenida


En Goizueta, junto al Urumea, 
que acaba desembocando en Donosti
Río Urumea
Santos López Giménez


              Los relatos de otros años:

                                   

viernes, 29 de julio de 2016

De un farragoso fenómeno

                                   Todas, todos, creemos saber qué de positivo nos aporta; sólo unos pocos, sacan a colación, verbalizan, su toxicidad. La mayoría, silenciosamente, abandona, o al menos, nos retiramos tratando de no hacer mucho ruido, a la espera de momentos en los que nuestra mente vuelva a percibir aquellos aspectos que otrora nos enganchasen.
                                   Al fenómeno se le conoce mediante un genérico término que las engloba a todas. Sin embargo, cada una de ellas, tiene unas características que las hacen peculiares. Hasta llegar a la más famosa, supongo, cada cual siguió su propio itinerario. Hay que reconocer que esa, la más famosa, tenía, y tiene, un formato que la convierte en muy accesible, práctica y, sobre todo, manejable como ninguna otra.
                                   Compartir recuerdos, momentos presentes, comentarios ocurrentes; mostrar favoritismos, halagar, agradecer; convertirnos en periodistas improvisados; acumular ingentes cantidades de información, buena parte de ella cierta, sin duda, pero expuesta bajo prismas diametralmente opuestos, junto con otra importante fracción de bulos y mentiras, nos transforman en entidades humanas colmadas de hemorragias informativas ante las cuales creemos adecuar sus contenidos a nuestros pareceres cuando, en realidad, no hacemos sino un seguidismo borreguil, alienante y estúpido.
                                 Oh, pero, qué bien, nos permite conversar, a tiempo real, sobre aquellos dispares asuntos que nos salen al paso, y, ay, caramba, nos sorprendemos los unos a los otros en actitudes que jamás pudimos imaginar. Se disparan los malos modos, los malos modos verbales; el fenómeno pasó a ser una bomba de relojería mediante la cual la realidad se empequeñecía; el cara a cara, al parecer, tenía un efecto de contención ante nuestras peores andanadas, su ausencia, nos muestra, seguramente, tal como somos. Aunque, a decir verdad, ¿cómo somos: somos los de ese lugar farragoso, o somos los del cara a cara que guarda las formas?, tanto da, para qué indagar, somos los dos, somos uno, no hay diferencias, buscarlas es tratar de justificar lo injustificable: somos imperfectos seres humanos, como debe ser.
                             Y bien, es con esos imperfectos seres humanos con los que uno acaba congeniando; es, desde la imperfección, desde la única instancia en la que uno halla elementos suficientes para dar cancha al fenómeno.

Santos López Giménez

farragosoQue es poco claro e incluye cosas o ideas superfluas y desordenadas que lo hacen confuso y pesado.

domingo, 19 de junio de 2016

Zapatero, por qué no.

                              Siempre pensé que hacer de las elecciones una oportunidad en lo personal, en lo familiar, era una falacia que nada tenía que ver con el verdadero sentido que, en mi opinión, ha de tener ese momento maravilloso en el cual se decide muchísimo más que una mera coyuntura de oportunidades de trabajo o similar desde el plano individual. Así se lo manifestaba a una persona con la que días pasados charlaba, sobre la difícil situación laboral de mi familia, y mía propia, cuando ésta se refería a que un cambio de gobierno quizá nos podría ayudar a revertir dicha precariedad.
                             A su vez, salía a la palestra, en una reciente entrevista, la admiración que Pablo Iglesias profesa al último presidente de Gobierno socialista, Zapatero, del que llegó a decir que lo consideraba el mejor presidente que España había tenido durante los últimos 40 años.
                            Sobre esta última apreciación, el degüello ha sido la tónica que la ha seguido tras ser enunciada. Y yo me pregunto, respecto de la misma y sus secuelas, que uno, de los 6 presidentes, habrá de ser considerado bajo dicho epígrafe, y que, seguramente, los parámetros que hemos de tener en cuenta serán tantos como opinantes entren a debatir sobre el mencionado ranking.
                           De ahí que, enlazando el primer y segundo párrafos, al abordar el tercero, uno se percata de que jamás votó por la inmediatez de un programa concreto, para un momento concreto, sino que siempre lo hizo persiguiendo objetivos que muy pocas veces vi plasmados, desde el mismo momento en el que el dictador y su régimen tocaban fondo: el uno con su muerte física, el otro con su paulitana eliminación, cuya secuencia sigue inconclusa. Y es precisamente esa inacabada faena la que sigue manteniendo mis reivindicaciones, a día de hoy, casi incólumes respecto de los importantes aspectos de base que nuestra sociedad no ha sabido gestionar en estos 40 últimos años.
                            Sin embargo, qué duda cabe, existe una Ley de Memoria Histórica, cuya plasmación y ejecución están siendo lamentables, pero que, cuando menos, constituye una base sólida sobre la que se continúa avanzando para dignificar la memoria de las miles de víctimas que nuestra Historia dejó en la cuneta por no desairar a elementos políticos y sociales, personajes con nombres y apellidos, que jamás dejaron hacer para que dicha restitución llegara a buen término. Por otro lado, la no implantación de una Escuela Pública Laica, constituye una de las mayores afrentas que nuestro pueblo viene sufriendo, sin que importe demasiado a determinados grupos políticos, incluido el actual PSOE, quienes, en vez de mostrar orgullo y defender a capa y espada lo que pudo significar la asignatura de Educación para la Ciudadanía, esconden su autoría como si fuese algo de lo que mostrar sonrojo. Obviamente, dicha asignatura, no era sino un pilar sobre el que construir una sociedad de ciudadanos críticos, donde el libre pensamiento constituyese la piedra angular para proyectar el futuro de una sociedad libre y alejada de los muchos prejuicios que a la Derecha sociológica les vienen como anillo al dedo para perpetuarse sin esfuerzo alguno.
                         En definitiva, y aunque sería más prolijo el listado de asuntos, de eterna reivindicación, por los que hemos de seguir luchando muchos años después, lo mencionado me lleva a concluir que, en efecto, para mí también, Zapatero fue, con creces, el mejor presidente del que este país ha gozado durante las últimas cuatro décadas.

Santos López Giménez

martes, 31 de mayo de 2016

Cinismo


                                      Nos envuelve, es algo connatural a nuestra existencia. Sin él, con su inseparable hipocresía de la mano, nada sería igual en la vida del ser humano. En la infancia es la crueldad el modus operandi que le hace presentarse en sociedad. Con la adolescencia, se convierte en sadismo por un tiempo, y las víctimas de sus gracietas, que difícilmente pueden digerir sus embestidas, a duras penas logran mantener un equilibrio de conjunto salvando esa discontinuidad. Nos llega la primera juventud, y posiblemente estemos ante el único momento de nuestras vidas donde, seguramente, la autenticidad se manifieste por primera y, tal vez, única vez en nuestras vidas. Salimos de ella trasquilados, en su mayoría, nuestros congéneres, aprenden todo aquello que apuntalará su condición de maestros indiscutibles en las artes del cinismo de salón, el cual, se enarbola desde ese instante, para ser transportado, de por vida, allá donde nuestros pasos se dirijan.
                                      Bajo su palio, cometemos todo tipo de aberraciones humanas, siempre, todas ellas, perfectamente justificadas por, vete a saber qué argumentos, pero, todas ellas asociadas a otro de sus más directos colaboradores: el egoísmo.
                                      La verborrea, el dar rienda suelta a la emisión de sonidos, que pretenden ser elocuentes, que no son sino lapidarios ecos de la nada absoluta, cuando de confraternización se trata, caracteriza a los maestros del ramo. Nos escondemos bajo el paraguas de su inexistente humanismo, pero, como lo llevamos de serie, al cinismo me refiero, somos las primeras víctimas de sus enconados denuedos. De ahí que el engaño, el autoengaño, sea otro importante elemento que engalana al protagonista de esta mañanera reflexión.
                                    Y como no, para redondear esta artimaña, confeccionada desde el cinismo, valga el bucle, se precisa dar el estocazo argumentar que a todas y todos nos acompaña para no sucumbir en la plañidera cuneta del renuncio que nos dejaría en evidencia frente a la jauría que en volandas nos conduce a todas y todos a ninguna parte, estocazo que adjudicamos a nuestros seres queridos haciéndolos responsables de nuestras más asquerosas caracterizaciones en sociedad. No, cínico o cínica de las narices, no apeles a tus seres queridos cada vez que te chorreen las palabras pringosas con las que ensucias todo cuanto te rodea, cada vez que argumentas los resultados de tu indeseable presencia.
                                     Y bien, más o menos, puede valer, como producto de una mañanera y cínica escenificación escrita, para que el mes de mayo de 2016 no sea el primero en el que uno no deja constancia de sus impertinentes inquietudes desde aquel 25 de mayo de 2008, que marcó el inicio de esta singular singladura.

Santos López Giménez

sábado, 30 de abril de 2016

Tancredinos, sumos sacerdotes y comodines

                                  Leo y escucho todo tipo de supuestos consejos, a modo de máximas irrefutables, sobre cómo y qué hacer para guiar los designios de la democracia en España.
                                  Se supone, hemos todos de suponer, porque si no es que no hemos entendido nada y estamos fuera de lugar, que aquello que acaba de concretarse, la imposibilidad de que se haya formado un nuevo gobierno, tras las elecciones del pasado 20 de diciembre, es culpa de todos los políticos y, por ende, de los ciudadanos que no supimos configurar un congreso en el que, ideológica y aritméticamente, las cuentas estuviesen meridianamente claras para la mencionada formación de gobierno.
                                 En semejante tesitura, a los abogados del diablo, poco o nada hay que prestarles atención. Conducirte contra corriente conlleva riesgos, y más en un país como el nuestro en el que los denominados mantras germinan por igual en todo hijo de vecino, vote a quien vote.
                                 Permítaseme, por tanto, obrar en consecuencia y manifestar mi disquisitoria interpretación de unos hechos que estaban cantados, o, en algún caso, sobrevinieron las cantadas al albur de los hechos. ¿O no estaba cantado que quien ostenta la presidencia del gobierno, y su partido, harían lo que han hecho?, es decir, nada. No tenían otra, nunca la han tenido, cuando la tuvieron, no tardaron sus interlocutores en darse cuenta del juego sucio que les acompañaba. Aquella fue una vacuna que perdura en el tiempo, que felizmente perdura en el tiempo. Sin embargo, para esta ocasión, la aritmética no andó en paralelo con la ideología, porque sí que de haber sido de otro modo, a esta hora estaría todo decidido. El tancredismo está arraigado en nuestra cultura, en el día a día, es una variante que los trepas conocen muy bien cuándo ha de ser utilizada.
                                Entre los hechos que nos han sobrevenido, a posteriori hemos detectado el cante. Dos mantras han sido suficientes para corroborar el mismo:
                                  - Nos quieren aniquilar, su propósito es fagocitarnos, son lobos con piel de cordero, gritaban hasta la extenuación los sumos sacerdotes que proclamaban el apocalipsis, mientras secuestraban la voluntad de sus bases.
                                 - De otra parte, lo que la historia les otorgó, los sacerdotales sumos se han encargado de eliminar. Que los pueblos expresen sus posiciones respecto de su futuro, era, y lo seguirá siendo cuando la estupidez del pensamiento único les deje ver sus vergüenzas, una seña de identidad que les ha acompañado mientras el miedo no anidó en ellos.
                                Por otro lado, el cante comodín era de esperar. Tanto que no parece que su análisis aporte nada relevante. Si cabe, la confirmación de que, el comodín, representa los espurios intereses de la banca; o mejor, los apuntala: los tancredinos llevan de serie esa adscripción.
                                Como cierre, a esta disquisición anunciada, qué era lo que unos u otros esperaban en relación a  aquellos para quienes los focos mediáticos dedicaron sus máximas atenciones manipuladoras. Éstos, han hecho lo que, del mismo modo, era de prever, apostar por un gobierno en el que la mayoría social estuviese a la vanguardia.
                                La situación actual era previsible y no ofrece posibilidad alguna de ser computada como un defecto democrático, bien al contrario.
                                 De ahí que, como comencé hablando de máximas irrefutables que pretenden marcar el futuro inmediato de nuestros hábitos democráticos, pido que alguien me explique que tendrían de democráticos los supuestos pactos preelectorales sobre el control de gastos en campaña, o la reducción de la misma por no sabe uno que extraña regla de tres. Si tan sabios somos los electores, habremos de saber que las campañas de los tancredinos, así como las de los sumos sacerdotes y comodines, han estado sufragadas bajo el infame paraguas del capital, y jamás ha habido transparencia que haya permitido sacar a flote toda la porquería que les ha acompañado.
                                Miserables.

Santos López Giménez