jueves, 29 de noviembre de 2018

El fracking: Agua para todos, 2 (la desvergüenza de una banda)

                    El pasado 8 de noviembre, la Asamblea Regional de Murcia, en su totalidad de miembros electos representando a la ciudadanía murciana, aprobaba una ley contra el fracking. Dice el dicho, que bien está lo que bien acaba. Sin embargo, cuando has vivido en primera persona las embestidas de determinados seres humanos, te resulta muy difícil pasar página como si nada hubiese ocurrido; sobre todo, porque en ningún momento, los farsantes de esta historia, ni han pedido perdón, ni proclaman su adscripción contraria al fracking con la humildad a la que estarían obligados si la vergüenza formase parte de su dignidad como seres humanos.
                   Mayo de 2013 marcó el comienzo de una batalla que, desgraciadamente, aún no ha terminado. Sin embargo, un paso importante sí que se ha dado, aunque la espada de damocles siga pendiendo, si esa caterva de desalmados no vuelven sobre sus pasos y se pasan la ley aprobada por el forro de sus caprichos. Todo puede ocurrir. De hecho, hay proyectos aún en fase de estudio, aprobados por el gobierno regional que esa banda delictiva, para desgracia de los seres humanos que habitan la región de Murcia, preside y maneja. Digo por desgracia, porque sufren sus acometidas inhumanas y dolosas, pero, quien consciende con ello, no merece compasión, y el pueblo murciano, ha demostrado con creces, durante casi 30 años, que le va la marcha, que le gusta ser fustigado por el latrocinio de unos delincuentes de guante blanco. El hecho es que, dadas las circunstancias, en cualquier momento, los nada escrupulosos miembros de la banda, con un buen ramillete de pasta sobre la mesa, podrán rehabilitar el fracking con sólo hacer la vista gorda y no cumplir y hacer cumplir los dictados que la ley aprobada les exigiría.
              Recordemos que no se trata, la ley aprobada, de una ley que prohiba el fracking, sino de una ley que pone tantas trabas a su desarrollo, desde la perspectiva medioambiental que, de facto, la convierte en una ley prohibitiva
                 Las oscilaciones que el fracking ha sufrido, a nivel planetario, durante los últimos años, para estos individuos, no deja de ser un "Agua para todos, 2": me apunto o desapunto en función del calendario electoral, si bien es cierto que, contraviniendo toda lógica medioambiental, al "Agua para todos, 1", están abonados desde primera hora, allá cuando los individuos colocaban carteles en instancias públicas, en una agria y burda manipulación propagandística, que siguen haciendo sin despeinarse, engañando a toda una región de seres humanos indefensos en lo intelectual.
               Ese es el peligro, si como suele ser normal en esta desdichada región murciana, la ciudadanía les volviese a otorgar la posibilidad de seguir manejando y manipulando el cotarro, sólo será cuestión de tiempo para que sus asquerosas manos desvirtúen la ley aprobada, sólo será cuestión de tentación crematística: la misma que les ha movido durante muchos años, la misma que les ha llevado a la cárcel a algunas de estas criaturas, la misma que a la población murciana le resbala al tiempo que estimula para seguir dándoles la confianza.

Miembros de PSOE, Podemos y Plataforma Cuenca del Segura Libre de Fracking, sobre todo, éstos últimos, verdaderos artífices de que, al fin, una ley, nos de una esperanza de futuro contra esa infame práctica extractiva de hidrocarburos

miércoles, 17 de octubre de 2018

La encina de La Pollera: la respuesta no convence (III)


                     Después de un año, y tras haber dejado por escrito que se precisaba de una respuesta pública a la corta de una encina, más de dos veces centenaria, en La Pollera, traemos las dos respuestas recibidas por parte de las administraciones local y autonómica.
Respuesta de la Administración Regional
Respuesta de la Administración Local
Más allá de las variadas consideraciones que ya en su día hiciésemos, hemos resaltado, en ambas respuestas, lo más significativo de las mismas. De cuya comparativa, y sólo ciñéndonos a lo que en ambos casos se resuelve, destaca, sobre manera, una apreciación, sobre el carácter de especie protegida que la encina tiene, ya que, en un caso, respuesta de la administración local, se afirma que carece de la misma; en tanto que en el otro, el que nos remite la administración regional, sí que se menciona ese carácter de protección que ha de tener, concediéndole la categoría de “interés especial”.
                     Nos reiteramos en las consideraciones que ya hiciésemos en su momento, y creemos que, frente a la peligrosidad a la que ambos escritos aluden, de la cual dudamos seriamente, duda que argumentásemos en su día con fotografías del tronco que quedase enterrado después de la corta, así como del estado que presentaba la encina 4 años antes de ser cortada, el caso es que, sea como fuere, en similares tesituras, en otras latitudes, se creyó por conveniente dejar al individuo en pie, con las consiguientes prácticas selvícolas realizadas sobre su estructura, de manera que no ofreciese peligro alguno a ocasionales viandantes, ni vehículos, que pudiesen ser víctimas de posibles desprendimientos o desgajamientos de su ramaje.
                  Creemos firmemente que, en todo caso, hablar de muerte de la encina, como ambas respuestas, local y regional, apuntan, es una temeridad que nos resulta del todo imposible de aceptar.
                  Por último, la forma en la que se desarrolló aquella corta, así como la posterior reacción de la Administración, nos llevan a realizar una reflexión en torno a cómo sería bueno que, de cara al futuro, se planteasen este tipo de decisiones, y se tengan en cuenta los aspectos emocionales que, sin duda, en esta ocasión, fueron literalmente olvidados y anulados: pudieron adoptarse otras medidas que nunca hubiesen entrañado este desagradable final para buena parte de la vecindad de Cehegín que, durante muchos años,  admiraron y gozaron de la presencia de aquella noble y preciosa encina. Todo ello, al margen del carácter público o privado del dominio que la alojaba, los bienes culturales, históricos o naturales han de estar muy por encima del mismo.

Matías Fernández Fajardo y Santos López Giménez

Pd: 

Cronológicamente:

         


domingo, 30 de septiembre de 2018

Mira para otro lado

                Resulta que somos uno de los países que más armas fabrican y venden. Que existe una población activa cuyo día a día depende de la mencionada fabricación y venta. Que hay detrás toda una asquerosa historia que se hunde en lo más profundo de nuestra candidez, según la cual, son muchas décadas ocupando ese deshonroso lugar, liderando la promoción del dolor y el drama ajenos. Sin embargo, este asunto no preocupa a la ciudadanía española, aquella de banderitas en balcones, la del odio inmisericorde y perpetuo contra determinadas regiones de España por ser mayoría sus habitantes con aspiraciones independentistas; y si lo hace, si a nuestra conciudadanía llegase a preocuparle saber que contribuimos, como país, a ese terrible drama humano, prevalecen, sobremanera, la preocupación por la obtención de títulos universitarios bajo mantos de trapicheo mafioso, en los que determinada clase política ha labrado sus relucientes curriculum, esos con los que han trepado en permanentes viajes a ninguna parte.
              Parece evidente que las teorías conspiranóicas no son sino artilugios mentales que algunas/os utilizamos como herramienta base, e inservible, para explicar lo inexplicable: la irracionalidad a tiempo completo de nuestro país, de sus habitantes, de los seres humanos que lo poblamos.Y claro, precisamos articular teorías que, mínimamente, nos hagan salir a la calle con una pizca de esperanza. Como quiera que, inexorablemente, dichas conspiranóicas teorías se caen por su peso, hemos de asumir y aceptar que vivimos en un fango humano irrespirable y sin futuro.
             Al final, sería demencial dar la razón a quienes propugnan el individualismo como modo de sobrevivir a esta infame existencia que la Humanidad forjó a lo largo de la Historia. Pero no queda otra, al menos, no queda otra, desde la perspectiva social que habría de articular los proyectos de futuro en los que el ser humano, aquel que no ves, aquel que vive lejos de ti, que sabes que sufre, pero que su sufrimiento te es indiferente, en tanto en cuanto alguien te dijo, y tú asumiste a pies juntillas, que existían grados de solidaridad según los cuales tu preocupación por lejanos países estaba exenta de responsabilidad de tus denodados empeños por tratar de aliviar el sufrimiento humano. Pues bien, a ese ser humano, no lo veas como a un igual, no lo es, lo sabes bien, y de ahí que tu confianza la dirijas hacia la mugre humana a la que tuviste a bien otorgar los designios de tu futuro, esa mugre, carece de conciencia social local, menos aún, planetaria.

Santos López Giménez
             

viernes, 31 de agosto de 2018

Infausta finca en Sierra Espuña

               En una de las tardes en las que participé de la búsqueda de Alberto Hernández Cortés, llevando a cabo una ruta desde Casas Nuevas hacia las faldas de Sierra Espuña, oculto de la visión paisajística desde el pueblo, lo cual palía la ingrata imagen, tuvimos ocasión de contemplar un amplio espacio forestal, que según los vecinos de la zona, en el pasado albergase terrenos agrícolas de secano, en los que, fundamentalmente, se cultivase almendra, y que ahora nada tiene que ver con esa antigua posibilidad, perfectamente integrable en un medio natural.
En el mapa, rodeado de negro, aparecen los espacios agredidos, focos de contaminación para el entorno boscoso inmediato
              De unos años para acá, dicho espacio, se reconvirtió en regadío, por obra y gracia, según nos contaban, de un señor alicantino que llegase por el pueblo, con mucho dinero, dispuesto a comprar lo que se le pusiese a tiro. Compró el espacio descrito, amplió con creces, deforestando, el espacio cultivable, construyó un embalse para "sus aguas", y también casetas para aperos agrícolas, y además, instaló todo un entramado y profuso sistema de regadío.
Pues bien, de todo ello, queda la desolación de un inmenso campo de ciruelos que, paradójicamente, tras tres años sin mantenimiento, siguen dando frutos; toda la conducción del riego por goteo instalada, en fase de degradación y esparcimiento; recipientes de productos fitosanitarios y abonos diseminados alrededor de las casetas de aperos, convertidos en peligrosos focos de contaminación; un embalse a medio llenar; dos vehículos, turismos, de más de 20 años de antigüedad, que fuesen abandonados en la finca y que ahí siguen impertérritos, degradándose y contribuyendo en su medida a la contaminación global del espacio forestal que les rodea: todo un despropósito.
Pero, siendo graves las características expuestas de lo que aquel lugar alberga, lo que jamás debió de hacerse, es la invasión de pequeños barranquetes por los que desaguan las lluvias que descargan sobre la Sierra, ocupados por movimientos de tierra de gran volumen que han ocluído los mismos conectando entre sí espacios cultivados de la propia finca.
Lengua de tierra removida y acumulada para conectar dos zonas de la finca ocupando un pequeño barranco por el que debieran cursar las aguas
            Una vez puesta en funcionamiento toda esa infraestructura, pasó poco más de un año para que se la dejase abandonada, lo cual, amén de la grave agresión medioambiental que pende sobre el entorno, dice muy poco a favor de las intenciones últimas que el mencionado inversor pudiese tener para la zona.     
            Por último, a modo de informaciones poco contrastadas, por parte de dos vecinos del pueblo, se nos habló de que en un primer momento la persona en cuestión tuvo serios problemas para llevar a cabo la aberrante destrucción, que a la postre ocasionaría, ya que las autoridades le siguieron la pista y no le dejaban ejecutar su atrocidad. Sin embargo, pasado un tiempo, logró hacerse con la confianza de propios y extraños para acabar por realizar ese engendro de acoso medioambiental, para colmo, inmerso de lleno en uno de los espacios naturales más emblemáticos de la Región de Murcia.
Carteles ecoturísticos en los aledaños de la infausta finca









Carteles ecoturísticos en los aledaños de la infausta finca





















          Alberto Hernández, sigue sin aparecer. Desde las 20,30 del pasado día 4 de agosto, en que saliese a pasear por los alrededores de la casa de campo que su familia tiene en Casas Nuevas, y tras una búsqueda exhaustiva, no ha sido posible hallar pista alguna sobre su paradero.

Santos López Giménez

lunes, 30 de julio de 2018

La Hidra de la Transición

Demasiadas circunstancias como para pensar que sólo son producto de la casualidad. El momento actual de nuestro país, comporta variadas y prolijas situaciones que cuesta mucho digerir sin que la indignación social se dispare como un resorte. No haré de portavoz de nadie, es seguro que, de todas ellas,  habrán personas indignadas con unos y no con otros de los hechos, la generalización, como de costumbre, sólo es latiguillo de los malos políticos, de las malas políticas. Sea como fuere, hablaré por mí, que cada cual juzgue en consecuencia.

A las sentencias judiciales, que hacen saltar alarmas por doquier, y que en el siguiente párrafo referiré, hay que añadir, decisiones judiciales que generan desconcierto no sólo aquí en España, sino que, algunos y nada sospechosos, de su ecuanimidad democrática, países europeos, también muestran con perplejidad su discrepancia respecto de ese absurdo juego de palabras que los manipuladores políticos vienen fomentando, me refiero a aquello de "presos políticos-políticos presos". El paso del tiempo, está convirtiendo el chascarrillo en una bomba de relojería que nos estallará a todas en pleno rostro. Claro que hay políticos presos, también los hay fontaneros, y maestras, y enfermeros, enfermeras, médicos, claro que hay un elenco de todas y cada una de las profesiones que imaginar podamos en prisión; y claro que todas ellas cometieron algún delito. Pero, esas otras personas a las que me refiero, son presos políticos; y lo son, no porque entre tú y yo exista una disyuntiva ideológica que nos haga plantear ese enigmático posicionamiento desde posiciones distintas, sino porque en su análisis, esas personas, no cometieron mayor delito que el resto de los, aproximadamente, dos millones de personas que piensan y obran en la misma dirección que aquellas que están encarceladas. Buscad cuantas razones oscuras deseéis para justificar lo injustificable, pero, a un conflicto sociopolítico le ha de corresponder una solución sociopolítica, nunca judicial.

Siendo muy graves estas circunstancias antes expuestas, no lo son menos esas sentencias judiciales que dejan en libertad a desgraciados energúmenos capaces de cometer una aberrante violación a una indefensa chica; sentencias que encarcelan a personas contraviniendo la libertad de expresión; sentencias que llevan a la cárcel a una chica por aferrarse con uñas y dientes a sus hijos, mientras la custodia pasa a ser del supuesto maltratador que queda impune. Y lo que es peor, la sensación generalizada de miedo que unas leyes, hechas adrede, con la única intención de amedrentar, y que no hacen sino mantener a raya a una población de por sí condescendiente y sumisa.

Y qué decir de las sucesivas trabas burocráticas que los familiares de los miles de desaparecidos encuentran para tratar de dar una ubicación digna a los restos de sus seres queridos. No olvidemos que tenemos la deshonra de ser el segundo país del mundo con más personas desaparecidas, tras un trauma histórico genocida, siendo el primero Camboya.

Y es en ese mismo marco histórico en el que hemos de encuadrar los signos de violencia ideológica que resurgen cada cierto tiempo, y que ahora lo hacen con especial virulencia: grupos políticos que se oponen a la aplicación de la Ley de Memoria Histórica, entre ellos, el partido que ha gobernado hasta hace dos meses nuestro país; asociaciones, con subvenciones públicas, que propugnan la violencia como arma para evitar que los restos del genocida sean desenterrados del mausoleo de la Infamia que el mismo individuo se construyera con la sangre de miles de personas esclavizadas tras el genocidio; grupos inconexos de violentos que atacan a diestro y siniestro a personas indefensas por razón de sexo, ideológicos, raza, sin que en esos casos la Justicia se exprese con la misma contundencia con la que suele hacerlo en las situaciones inicialmente comentadas.

La Hidra de la Transición, aquella que adocenara a la clase política de este país, para poner en bandeja la impunidad del Régimen Fascista, vuelve a sacar una de sus innumerables cabezas, sabedora de que la voluntad política y social están abonadas a la desidia histórica. Sus secuaces, en un primer momento, creyeron que la dignidad de este pueblo los estaba venciendo, que su impunidad dependía de su inacción, pero, al cabo de los años, han comprobado que tienen abonado el terreno para sus más violentas acciones contra el pueblo español.

Santos López Giménez