lunes, 16 de junio de 2008

Vida y esperanza






A estas dos fotos les separan tres años y dos meses: la de abajo, data del 18 de abril de 2005; la de arriba, la ha hecho David, mi hijo, esta mañana, 15 de junio de 2008. Se trata de un olmo, Ulmus minor. Estos árboles, en las últimas décadas, han sufrido el ataque de un hongo que les ha generado una enfermedad, la grafiosis, que ha mermado, vertiginosamente, el número de ejemplares en todo el mundo.
Cuando lo fotografié, por primera vez, lo hice para que no perdiésemos de vista su presencia. Al tratar de ubicarlo en el plano de Cehegín, me encontré con que, prácticamente, ocupaba el centro geométrico de nuestro pueblo: no podía ser de otro modo, un árbol con su nobleza bien merece tal ubicación. Está situado en las proximidades del Centro de Salud. De un mismo punto, parecen surgir hasta seis troncos, no dejando muy claro si se trata de seis especímenes, o uno dividido desde la base: más bien, parece un viejo olmo que se aferró a la vida con sus retoños. Sea como fuere, un ejemplar vivo, precioso, como lo es éste, de esta especie botánica, es todo un lujo para nuestro pueblo. Tres años después, me vuelvo a plantear la pregunta que entonces me hice, y que apareciese publicada en Todocehegin, junto a la primera de las fotografías (18-4-05): ¿Seremos capaces de conseguir que perdure en el tiempo?
Paradójicamente, ha sobrevivido al empuje imparable de las muchas edificaciones que lo van cercando. Estoy convencido de que, la cordura y la sensibilidad, harán el resto para que sigamos siendo dignos de contar con su majestuosa presencia, indefinidamente.
Vida y esperanza van siempre de la mano; la una y la otra, ocuparon buena parte de la obra de Antonio Machado. He aquí el homenaje que Machado le hiciese a nuestro querido olmo:


A un olmo seco

Al olmo viejo, hendido por el rayo

y en su mitad podrido,

con las lluvias de abril y el sol de mayo

algunas hojas verdes le han salido.


¡El olmo centenario en la colina

que lame el Duero! Un musgo amarillento

le mancha la corteza blanquecina

al tronco carcomido y polvoriento.


No será, cual los álamos cantores

que guardan el camino y la ribera,

habitado de pardos ruiseñores.


Ejército de hormigas en hilera

va trepando por él, y en sus entrañas

urden sus telas grises las arañas.


Antes que te derribe, olmo del Duero,

con su hacha el leñador, y el carpintero

te convierta en melena de campana,

lanza de carro o yugo de carreta;

antes que rojo en el hogar, mañana,

ardas en alguna mísera caseta,

al borde de un camino;

antes que te descuaje un torbellino

y tronche el soplo de las sierras blancas;

antes que el río hasta la mar te empuje

por valles y barrancas,

olmo, quiero anotar en mi cartera

la gracia de tu rama verdecida.

Mi corazón espera

también, hacia la luz y hacia la vida,

otro milagro de la primavera.

Antonio Machado
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