viernes, 13 de junio de 2008

Un atisbo de luz

Por segunda entrada consecutiva, me desvío de mis deseos e intenciones iniciales. No, no era de mobbing de lo que uno pretendía hablar en este blog, ni de lejos entraba en mis cálculos, el pasado 25 de mayo, cuando os daba la bienvenida a quienes tuvieseis a bien echar un vistazo a lo que por aquí fuese apareciendo. Ya entonces, es decir, hace menos de 20 días, los nubarrones que se cernían en mi entorno familiar eran de considerable magnitud, venían de lejos y no traían presagios armónicos, todo lo contrario. En pocos días, los acontecimientos se han desbordado, la persona que ejerce de verdugo ha decidido actuar en plan kamikaze, le importa un bledo si un proyecto común, de amplio alcance social, ve peligrar su continuidad. El acoso laboral, tiene la horrible virtud de que, yendo dirigido a una persona concreta, arrasa con todo lo que le sale al paso a través de la propia inercia aniquiladora que va gestando en la víctima, y ésta, sin pretenderlo, sólo por sus inexplicables variaciones de carácter, va transmitiendo a su familia. Me reitero, no era de mobbing de lo que uno pensó que hablaría en este blog, pero la realidad te aplasta como una mole e impone su presencia anulando tus deseos.
Hoy, leyendo la sección de Opinión del diario “La Verdad”, me he encontrado con el artículo que ahora transcribiré; en un primer momento, he tratado de soslayarlo, de no leerlo, creía que era mejor no mentar a la bicha; pero, he sucumbido, lo he leído y, como me ocurriese con la anterior entrada de este blog, finalmente, la afín coincidencia, tanto en lo negativo, como en lo positivo (menos mal que hemos mantenido la calma), me conducen, de nuevo, a esta posibilidad que, finalmente, pueda contribuir a compartir ese atisbo de luz que se opaca cuando estás sumergido en las garras del/la verdugo:

'Mobbing' en la canasta

En los últimos días, el país entero quedaba boquiabierto por la fulminante destitución del seleccionador nacional de baloncesto Pepu Hernández. Me ha llamado la atención este caso por el hecho de que representa un patrón habitual y el paradigma de la situación que sufren a diario millones de trabajadores en España. Trabajadores que sienten cómo el hostigamiento, maltrato o mobbing laboral destruye sus vidas profesional, familiar y socialmente, a veces para siempre.Todo comienza como en el cuento de Blancanieves con una malvada madrastra que se mira en el espejo de su propia incompetencia profesional y descubre, víctima de los celos y de la envidia, que la culpable de sus males no es su propia mediocridad, sino esa blanca e inocente niña a la que maquina en secreto cómo asesinar profesionalmente. «Tráeme el corazón de Blancanieves en una urna», suelen decretar los instigadores del mobbing laboral, asignando a veces el trabajo sucio a otros que terminan convirtiéndose así en un gang de sicarios.El caso de la víctima es, como Pepu, alguien que por efecto de su bonhomía, su carácter ingenuo, no confrontativo y bienpensante no entiende lo que le ocurre hasta que es demasiado tarde. Las víctimas de mobbing presentan con frecuencia personalidades que los psicólogos que las asistimos denominamos poliánicas, es decir, trabajadores con elevadas dosis de candidez, espontaneidad, incapaces de doblez ni de calcular que en su entorno existen seres peligrosos, psicópatas organizacionales, a los que su bondad, ética o carácter moral excita el celo deprededador que procede de la secreta envidia que su mera presencia les produce.La pregunta del millón en relación a las víctimas de mobbing no es tanto qué es lo que han hecho para merecer el acoso psicológico sino qué es lo que son y representan para quienes las acosan. La respuesta es siempre la misma: las víctimas del acoso laboral son o se han transformado en una amenaza. No es que vayan por ahí amenazando a nadie. Son sus capacidades profesionales (brillantez, nivel de capacitación, éxito profesional), sus valores y forma de ser (felicidad, alegría, sociabilidad, solidaridad con los demás) los que les granjean la animadversión de muchos en su entorno que sencillamente, como la madrastra del cuento, no pueden soportar la presencia profesional de la víctima cerca de sí. Esos seres apagados y tristes, grises y acomplejados que suelen ser los acosadores laborales se lanzan al acoso y derribo de aquéllos a los que consideran la fuente de su sufrimiento personal. Creen que el modo de conjurar su envidia y sus celos es eliminar a la víctima de su lugar de trabajo, cargándose su imagen, su reputación mediante las acusaciones infundadas y falsas que en todo proceso de acoso psicológico son centrales.Tal y como apunta Girard, en el momento crucial de la persecución de todo chivo expiatorio se inventa o fabula un crimen horrendo que supuestamente ha cometido y ello sirve para cargárselo limpiamente. Por eso, al final el mobbing resulta ser un crimen laboral perfecto. Todos cuantos son eliminados son presentados como indignos, y todos cuantos son presentados ante la opinión pública como indignos son violentamente eliminados.La respuesta de Pepu en este caso ha sido ejemplar y debe ser tenida como modelo para los dos millones de trabajadores que sufren a diario el acoso laboral en España. Lejos de dejarse llevar por el resentimiento contra aquéllos por los que se ha sentido maltratado, Pepu ha mantenido la calma. Frente a quienes hubieran deseado que se desestabilizara emocionalmente, que entrara en la descalificación, que apareciera como un mero ser rencoroso (encima de lo que cobra el tío), cosa que habría hecho las delicias de sus adversarios, Pepu se ha mantenido hasta le fecha sin dar pábulo al odio ni a la ira. Esto no es nada fácil ni algo esperable en términos de probabilidad. Para los trabajadores afectados por el mobbing, los efectos del daño por los cuadros de estrés postraumático, frecuentemente cronificado, que arrastran les llevan a cometer los errores fatales que complican su situación profesional, a veces de manera ya irremediable. La recomendación más inteligente consiste por el contrario en hacer frente a la situación manteniendo la calma, sin permitir que el acoso le desestabilice a uno. Ser emocionalmente inteligente en el mobbing no siempre es algo fácil. Cuando las víctimas del acoso laboral ven que pierden -les roban- su profesión, su salud, su relación de pareja o su misma capacidad de disfrutar (anhedonia), pedirles que todo ello no les desestabilice es pedir casi un imposible. El apoyo psicoterapéutico se vuelve imprescindible.Pepu, con su actitud, ha mostrado una vez más el camino correcto. Como buen profesor, al final va a resultar ser el entrenador que en España necesitaba no tanto una selección de baloncesto a la que ha convertido en brillante, a su imagen y semejanza, sino el coach que precisan millones de trabajadores desamparados y acosados que pueden ver en su comportamiento intachable el modo perfecto y de manual de enfrentar sin odio, con asertividad y respeto por sí mismos y por los demás, la injusticia que se comete con ellos a diario bajo la forma del riesgo laboral psicosocial denominado mobbing.

Iñaki Piñuel y Zabala es psicólogo, profesor titular de la Universidad de Alcalá y autor de 'Mobbing', estado de la cuestión (Ediciones 2000).
Publicar un comentario