jueves, 17 de febrero de 2011

De sueldos y malos modos

Como tantas otras veces, ha sido a través de la radio, en concreto de SER Noroeste, cuando hoy, 16 de febrero, alrededor de mediodía, escuchaba una de esas noticias que, si sólo me quedo con el corte sonoro emitido, me dejaba perplejo e indignado. Hablaban del último pleno municipal celebrado en Cehegín, y se referían a una interpelación que José Rafael Rocamora, desde la oposición municipal, hacía al Alcalde, José Soria, a través de la cual pretendía poner en entredicho el, según Rocamora, elevado sueldo del primer edil municipal. Por el desarrollo de la noticia y del mencionado corte sonoro, todo parecía indicar que, en el momento de producirse la interpelación, la palabra estaba en posesión de Rocamora, por tanto, independientemente del contenido, por higiene democrática, no la perdería hasta la formulación de la misma. La perplejidad y la indignación salen a relucir cuando, José Soria, corta de plano la intervención de Rocamora aduciendo, según deduzco de sus palabras, la inoportunidad de la misma. Recordaba el señor Alcalde que entre sus facultades está la de posibilitar que se emitan o no determinados enunciados, lo cual, por el bien de la salud democrática local, habría de dar pie a un monográfico de carácter didáctico y pedagógico, en el que interviniesen la totalidad de ediles, cuyos receptores seríamos los propios ciudadanos, de manera que conceptos tan ilógicos, pero que igual están contemplados según ley, podamos asimilarlos y de ese modo los quisquillosos de turno, a los que otros nos llaman moscas cojoneras, no tengamos argumentos con los que elaborar textos como éste, de repulsa, mientras que nuestro Alcalde, y demás concejales, se afanan en la búsqueda de recursos para nuestra localidad. De todos modos, mientras alguien se digna en explicarnos cuales son por ley las atribuciones de un Alcalde, conduciéndonos al redil del oír y callar a los veleidosos, independientemente de cual sea esa explicación, uno, en exceso sensible frente a los malos modos, la prepotencia y demás formas de altanería, que rozan la metodología fascistoide, haría un ruego, no sólo a nuestro Alcalde, sino a tantas y tantas personas, con las que convivimos a diario, cuyas actitudes de desprecio, hacia algunos de sus semejantes, puestas de manifiesto mediante tonos de voz, gestos y vocablos impronunciables, convierten, determinados momentos de la existencia diaria de las víctimas de tales andanadas, en pequeños grandes infiernos. Creo que una mayoría, de quienes ahora leéis este escrito, sabéis de qué os hablo; en nuestras manos está: el consentimiento de tan deleznables maneras hacen de los emisores esclavos de su propia actitud; en el fondo, sin ánimo de ironizar, si plantamos cara a estas criaturas, además de a nosotros mismos, también a ellos les estaremos haciendo un gran favor.
Para terminar, retornando al motivo que ha propiciado estas palabras, permítaseme, como ciudadano de Cehegín, proclamar mi deseo de que, algún día, se pueda establecer un parangón entre mi remuneración y las actividades que desarrollo: sin duda, quedará claro que no existe relación directa entre ambos parámetros, por supuesto, por no merecerlo. Por ello, no entiendo el por qué el Alcalde de nuestro pueblo, representante máximo del conjunto de la ciudadanía, no pueda someterse, en el foro destinado a ello, es decir, el pleno municipal, a un análisis similar al que uno desearía llevar a cabo públicamente.

Santos López Giménez


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