domingo, 6 de marzo de 2011

El charlatán

Así como reza el título, podría llevarnos a confusión. El charlatán no habla con cualquiera, ni en cualquier momento; el charlatán dosifica sus intervenciones, dosifica sus palabras, las emite a borbotones cuando le interesa, la verborrea es su fuerte. Al charlatán no le preguntéis por el significado de conceptos elementales como humildad, sencillez, autenticidad, respeto, empatía, nada de eso turbará su centrípeta interpretación de la realidad; mucho menos le habléis de sus antónimos: soberbia, grandilocuencia, falsedad, irrespetuosidad, egocentrismo, corréis serios riesgos de veros envueltos en una puesta en escena que le encanta ejecutar: sobreactuar, se mueve como pez en el agua, aunque no es en esta fase donde despliega toda su maestría verborréica, la saca a relucir en grado menor, mezclando una disparidad de elementos, fuera de contexto, con la única intención de confundir y enredar, quedando atrapados sus interlocutores en una pegajosa amalgama.
Pero, más allá de ese carácter verborréico que le adorna, su refugio, su verdadera adscripción es el silencio. No el silencio bello y necesario, que todos precisamos, en el devenir de nuestra existencia, para mantener a flote elementos básicos, imprescindibles, como la sensibilidad, la ternura o la solidaridad, que no precisan bullicio alguno para concretarse, bien al contrario: un paseo, a pie o en bicicleta, dejándote llevar para que fluya lo mejor de ti, hacen más que miles de campañas mediáticas, aunque no sean incompatibles. No, no es de este silencio del que gusta el charlatán, el suyo es otro, el suyo se asemeja al que utilizan las mafias, ese que genera escenarios del atado y bien atado. A través de él, da forma a su particular estructura mafiosa. A su través, las fantasmagóricas figuras de su entramado, van cayendo, con el discurrir del tiempo, con un rictus que debe parecerse al de aquellos que sufren síndrome de Estocolmo. Una a una, de las cunetas, va recogiendo, de sus víctimas, y colgando en sus solapas, medallas, que luce en su avance impúdico a lo largo de una permanente huida hacia adelante.
Además, del entramado, del atado y bien atado entramado, si alguna díscola criatura se desmarca, presenta sus credenciales, ante tan osada criatura, describiéndole, con pelos y señales, de qué es capaz si algún elemento pone en evidencia su estrategia. La suya es La lógica del vampiro, cuyo contenido no conoce pero del cual mostró interés tiempo atrás, cuando pretendía endosar sus cualidades, en una más de sus maquiavélicas orquestaciones, a otra persona de reputada y honesta condición.

Santos López Giménez

Pd: La Lógica del vampiro, es una obra de Adelaida García Morales (autora de El Sur, llevada al cine) publicada en 1992 por Círculo de Lectores.
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