miércoles, 24 de septiembre de 2014

Perversión del lenguaje: no me hable de sensatez


                                   De unas semanas para acá, por aquello del permanente celo frente al despropósito del fracking, a uno le ha llegado, por diversas fuentes, la existencia de un señor, al parecer, Presidente del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Bullas, que habría de certificar, como máximo responsable de la misma, previa decisión de ésta, la posición negativa a que esta práctica se lleve a cabo en el espacio físico que dicha Denominación de Origen representa. Y no por un capricho personal, obviamente, sino porque en los últimos meses, para satisfacción y dicha de la sociedad murciana, los Consejos Reguladores de Yecla y Jumilla ya han emitido su veredicto en esa dirección. Sin ir más lejos, esta misma mañana, he enviado un correo electrónico, a los compañeros de la Plataforma Cuenca del Segura Libre de Fracking, en el sentido de emitir un comunicado de prensa, o un artículo periodístico que, sutilmente, animase a que la D.O. Bullas adoptase esa beneficiosa decisión para nuestro medio ambiente, para nuestra Comarca, para nuestra Región, en definitiva, para nuestro Planeta. Y como quiera que la realidad tiene esas circunstancias caprichosas con las que, en ocasiones, nos sorprende, mira por donde, esta tarde, a eso de las 20,00 horas, esa terca e irreverente realidad, ha querido que me encuentre cara a cara frente a este señor. En principio, dadas las características de mi introducción, casi debería haberlo aceptado como una oportunidad que se me brindaba para ejercer mi posición ciudadana y mostrar mi educado parecer a la persona que me hacía parar en mi camino. Bueno, lo de mi camino, es una forma de hablar, ya que, el buen señor, me ha dejado claro que ese camino era suyo.
                                      Va para un año que mi hija me pide, una o dos veces por semana, acompañarla al paraje que rodea la Fuente de la Hoya de Don Gil, ya que a su modo, ha confeccionado un pequeño circuito, en el que, durante una hora, lleva a cabo una de sus actividades favoritas, la marcha atlética en el campo. Espacio sobradamente conocido por cehegineros, y muchos no cehegineros, lugar de esparcimiento y solaz, en el cual se han venido practicando las más diversas actividades que, con el máximo respeto por el medio, los amantes de la Naturaleza solemos realizar. Cuando nos ha parado en "su camino", el buen señor me recordaba, y no le faltaba razón, que en ese lugar, durante años, cientos de familias acudían a celebrar el domingo de pascua, y bien que puedo certificarlo, ya que yo, siendo ceheginero, conocí por primera vez ese lugar gracias a que los padres de mi amigo de la infancia, Mateo, de Caravaca, nos llevaron, a mediados de los 70, una de esas celebradas tardes del domingo de resurrección, y, además de merendar, hicimos aquello que más nos gustaba de niños, jugar al fútbol. Pero claro, esta memoración, no la ha sacado como un bucólico recuerdo del pasado, sino como ejemplo de su "generosidad" para con los demás, habiéndonos dejado entrar en su finca durante años (le he recordado que tengo 51 y jamás nadie me impidió acudir allí; véanse las fotos que acompañan a este escrito, de hace 25 años, junto a nuestros sobrinos). El hecho es que, además de ratificar su condición de dueño del lugar, con esa sutileza de quien no dice nada diciéndolo todo, me ha recordado que, supuesto que es un coto de caza, cualquier día se podría escapar algún tiro.
                                        La realidad y las historias domésticas, ambas a una, se revelan como irónicas marmotadas, repitiéndose en el tiempo y recordándonos que, por mucho que la dimisión de un Gallardón de turno te haga creer que, a pesar de todo, algo hemos avanzado, sin embargo, ironizan en tus morros y te demuestran cuan ingenuo eres frente a ellas. Sirva como botón de muestra el escrito Coto privado, que me fuese publicado el 16 de marzo de 1991, en La Verdad de Murcia, en el que, casi calcado, acompañados de algunos de esos niños de la foto, mis sobrinos, otro "generoso" preboste local, nos perdonaba la vida por pasear por la Peña Rubia ceheginera: ni qué decir tiene que, al igual que la Hoya de Don Gil, en este caso, con mucha más fidelidad, es y será lugar sagrado para el pueblo de Cehegín.
                                                Momentos antes de despedirnos, me espetaba un "cuando leas la ley verás que está cargada de sensatez", a lo que uno le respondía "dejaré de venir por miedo al disparo que se pueda escapar, o porque esa, "su ley", esté de su lado, pero, no me hable de sensatez, no la encuentro por ninguna parte".

Mostrando, a modo de exploradores, sus pequeños tesoros naturales.
Año 1989.
Fogata para asar patatas.
Año 1989.

Santos López Giménez


Fito: menos mal que con los rifles no se matan las palabras





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