sábado, 30 de noviembre de 2013

El PP, quintaesencia ciudadana.

                                  En realidad, el panorama actual, no podrá doblegar ni ilusiones ni esperanzas, por una sencilla razón: por mucho que a veces apelamos a hablar de Régimen, la realidad nos hacer recordar que convivimos con el mismo ante el cual, el PSOE, o fue incapaz o no quiso transformarlo, vete a saber por qué razones. Sin embargo, bajo este sistema, a día de hoy, el PSOE ha gobernado más años que el PP. Todos ellos, estos datos, no son nada halagüeños, al tiempo que son el asidero al que aferrarse para comprobar que, salvo hecatombes, que no serían de extrañar, viendo el devenir de los acontecimientos, según el cual, el Partido Popular no escatima en sinvergonzonerías del tipo que sean para perpetuarse en el poder, con todo, seguimos siendo los ciudadanos quienes podemos y debemos reconducir nuestro futuro.
                             Pensad una cosa, nimia, sencilla, cotidiana: quienes a diario se lamentan de los males económicos del momento, sólo eso, esos males, son los que les preocupan. Bajo ese infame paraguas, ellos hacen lo que Mariano y sus secuaces, colocan en un mismo plano todas las demás secuelas y consecuencias. Uno no sabría si, por ignorancia, ingenuidad o, a veces, por una malévola complicidad con sus ídolos políticos, lo cierto es que la complementariedad está servida.
                             Sólo quienes vivimos una parte de aquella infancia en blanco y negro, y repasamos la dialéctica imperante al final de los 60 hasta la muerte del genocida, en el 75, podemos entender el esquema que mueve a estas criaturas: conciudadanos nuestros que, muy a nuestro pesar, apalancan, democráticamente, a un gobierno, generado desde un partido corrupto hasta la médula, el Partido Popular, que articula todo tipo de tretas legales para aparentar que todo forma parte de una lógica mayoritariamente aceptada. Y, qué queréis que os diga: corruptos, falsos, antidemócratas, insensibles al sufrimiento humano, todo lo que deseéis adjudicarles, pero, son la quintaesencia del ciudadano español de las últimas tres décadas, no podía ser de otro modo, por eso, delincuentes como Fabra, sacan pecho sin temblarles el gesto, se saben arropados. De eso se trataba, de que el pueblo tuviese sus representantes en el Gobierno del país: henos aquí, piensan ellos.
                             No, ya no: uno, personalmente, seguirá manifestando, tantas veces desee, o considere oportuno, su parecer, su opinión, sus discrepancias, pero, a ver, ingenuidad la justa: ¿por qué diantres no se vota en masa en este país; cuándo, aquellos que claman contra todo y contra todos, serán capaces de discernir entre el escenario de la historia oficial, aquella a la que, desgraciadamente, el PSOE ha contribuido a su consolidación, y la Historia, con mayúsculas, aquella otra que nos fuese robada hace más de 70 años?. No, me niego a que esas voces truculentas, que nunca sus inteligencias dieron para más, compartan plano con las voces del dolor, del sufrimiento, con las voces de la dignidad. Callaos, malditos, cerrad vuestras asquerosas bocas


Santos López Giménez
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