martes, 10 de mayo de 2011

Desde el conocimiento y la solidaridad





"Yo buscaba realizar gran parte de la política en la calle. Ningún otro diputado acudía a ella. Las gentes más humildes venían a mí para que las ayudase. Yo me consideraba un diputado del pueblo, y me portaba más como mujer del pueblo que como diputado. Pensaba que el escaño debía servir fundamentalmente para eso: para ayudar a los más débiles. A una mujer a dar a luz cuando no tiene hospital que la acoja, a recuperar un techo a los que han echado de sus casas por falta de pago, a que se acepte a un niño en la escuela cuando carece de ella, a estar con los huelguistas que luchan por unos salarios y unas condiciones de trabajo más justas. Me decían: te metes en cosas que no debes, no es propio de tu condición, eso no es para los diputados. Y yo contestaba: entonces eso quiere decir que los diputados han de olvidarse de la calle, encerrarse en el Parlamento, tapiarle... Para eso no soy diputado. Desde el punto de vista parlamentario puede parecer absurdo lo que yo hago: desde el punto de vista humano, no. Y para mí, éste es más importante que aquél".



Estas palabras forman parte de la obra "Dolores Ibarruri, Pasionaria. Memoria humana" de Andrés Sorel, publicada en 1989, el año en que Pasionaria murió.





Obviamente, muestran un compromiso muy distante de todo lo que hoy, respecto de la política, conocemos. Como si de departamentos estancos se tratase, el político al uso es el que si llega a estar en contacto con su pueblo es por razones espúreas alejadas de las verdaderas necesidades del mismo. Y esas necesidades, a día de hoy, están más presentes que nunca. Lo están en nuestra sociedad, colmada de bienes materiales, y, lo que es peor, persigue a una mayoría de ciudadanos del planeta. Sólo desde la política se puede y se deben cambiar los esquemas: las Organizaciones no Gubernamentales (ONG) desempeñan una labor importantísima, sin duda, pero si los proyectos y cambios sociales no se engranan en la rueda que conforma los diferentes estamentos políticos de las Administraciones Públicas, no sólo a modo de receptores de puntuales ayudas, sino de dinamizadores y catalizadores sociales, de muy poco, a largo plazo, sirven estas bienintencionadas apuestas; y lo que es peor, pasan a convertirse en estructuras desde las que sacan pecho personajes sin escrúpulos que medran y trepan sin despeinarse.





Por todo ello, aunque he tenido la suerte de conocer a personas que se han acercado a la política por y para dar lo mejor de si mismas a sus conciudadanos, aplicando una intencionada discriminación positiva hacia quienes más necesitan de su ayuda, es por lo que, en estos instantes, frente a una convocatoria electoral, en el reducido ámbito del pueblo donde vivo, ese perfil, encontrar a esa persona que encarne los valores propuestos, y que Pasionaria dejase impresos, en letras de oro, en las páginas de nuestra reciente Historia, puede resultar complicado. Sin embargo, al repasar los carteles electorales de nuestro pueblo (menuda ironía, considerando la zafiedad y el despotismo, por parte del gobierno municipal del PP, en la distribución de espacios para cartelería política con que se ha actuado en Cehegín), encuentra uno a una persona cuya trayectoria profesional y humana se aproxima y mucho a esa condición de compromiso social desde el conocimiento y la solidaridad, con un especial añadido, tratarse de la primera mujer que en Cehegín encabeza una lista electoral: se llama María José Rodríguez, y es cabeza de lista por Izquierda Unida.


Santos López Giménez






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