lunes, 21 de marzo de 2011

A propósito de Libia

Parece lógico pensar que sea la información la que gestione nuestros estados de opinión. Ésta, la información, nos llega imbricándose en el entramado de nuestros ideales. De esa imbricación, se derivan nuestras opiniones. A menudo, las asperezas son escasas: inapreciables rugosidades, incapaces de desviar nuestra atención, se manifiestan a duras penas, nada que obstaculice nuestras ponderadas y equidistantes opiniones de ciudadanos políticamente correctos. Es fácil tener a mano latiguillos del tipo "si no hubiese petróleo la comunidad internacional no haría ni caso", y, al igual que el burro que hizo sonar una flauta, muchas veces la frase se concreta. La historia reciente de nuestro planeta nos ofrece un ramillete de ejemplos que hacen buena semejante aseveración. Tal vez, todo se deba a una cuestión de focalización mediática, que, obviamente, por defender las voces de sus amos, pone especial énfasis allí donde más les duele tanto a sus amos como a los propios medios, como a aquellos que, parapetados tras sus fantasmales disfraces de gente de bien, chorreando hipocresía a espuertas, poco les cuesta adocenar sus opacas conciencias soltando la frase de marras y mirando para otra parte. Las mismas buenas gentes que, como quien se aprendía la lista de reyes godos, cacarean sin pestañear, cuando alardean de demócratas, una retahila de supuestos dictadores, en la cual pueden faltar inmundos y sanguinarios personajes de países insignificantes, en los esquemas de asquerosas estratagemas económicas, pero, donde nunca falta Fidel Castro, y en la que, en los últimos tiempos, incluyen a Chávez o Evo Morales.

Sea como fuere, el genocidio en Libia se estaba consumando, las consecuencias de la intervención militar internacional las desconocemos, el riesgo de un enquistamiento de sangre y dolor se está corriendo, a pesar de todo, en mi opinión, a estas alturas, ese riesgo era preciso correrlo. Sin embargo, las declaraciones que, como quien no quiere la cosa, ha dejado caer hoy Obama, invitando a "seguir buscando la independencia del pueblo cubano"‎, son bastante inquietantes: se pudiera estar larvando un tótum revolútum, que deje abierta la puerta del todo vale, donde, al margen del alcance real de violencia y genocidio, que mueva a intervenir a la comunidad internacional en defensa de la población civil, la línea roja divisoria se establezca desde el corazón del poder económico y militar del planeta.

Santos López Giménez
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