miércoles, 28 de julio de 2010

No son molinos, son gigantes

Mañana, hoy ya, el parlamento catalán votará sobre el futuro de las corridas de toros en Cataluña. Siempre he estado en contra de esta, mal llamada, fiesta, aunque, bien es cierto que jamás mostré mi oposición de modo frontal. Las razones para no mojarme habría que enmarcarlas en el terreno de la resignación, ese cáncer del que todo ser humano somos portadores, que me devolvía la cordura ante los molinos de viento y no me dejaba ver a los gigantes. Tampoco ahora voy a sacar lanza vengadora alguna para arremeter contra todo lo que se mueva alrededor de semejante festín sangriento. Sin embargo, pase lo que pase, ante la decisión pendiente del parlamento catalán, echo mano de un escrito que escribí trece años atrás. En él, no hablé de toros, hablé de otra cosa, a priori, muy distinta, pero, dadas las circunstancias, y los alaridos derechoides que me llegan, puede que, para la ocasión, venga que ni pintado. No recuerdo el título exacto que le puse, La Opinión tuvo a bien titularle: "Jóvenes murcianos y autodeterminación":.https://docs.google.com/View?id=dg4pm7jh_893c6pvpkg5
Santos López Giménez
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