sábado, 16 de mayo de 2009

Si un traidor puede más que unos cuantos...

Viendo esta noche "Invierno en Bagdad" (la 2 de TVE, Versión Española), no he podido impedir que mi mente se focalizase en tu persona. Es verdad que se te ve, no podía ser de otro modo. Se te ve junto a otro siniestro personaje; personaje, no más tonto, ni más malo que tú: diferente. Sin duda, más peligroso que tú. Lo cual, estoy convencido, debe no gustarte demasiado. En realidad, de un tiempo a esta parte, vuestro peligro se ha visto mermado, no obstante, seguís siendo dos de los más peligrosos personajes que haya conocido la Humanidad. No se me olvida el tercero en discordia, también se le ve, por él siento compasión, como la siento por ti y por tu ídolo, el de la cutre escena de los pies sobre la mesa; igual que la siento por tantos y tantos personajes anónimos que se regodean en el dolor ajeno.
No te preocupes, no te invitaré a que veas la película, no lo necesitas, era muy sencillo adivinar cuales fueron, y siguen siendo, lo que vuestra desvergüenza da en llamar "daños colaterales".
Al parecer, se te viene escuchando en los últimos tiempos dando lecciones de economía; se apunta que participarás en la próxima campaña electoral. Tu peligro, como el de otros muchos insensatos, no deviene de tu persona, tu peligro es directamente proporcional a la confianza que supuestas personas de bien depositan en ti.
No es la primera vez que te saco a colación, ni creo que haya de ser la última. Desde luego, ganas, ninguna. Lo de esta noche es producto de la rabia y tristeza que me ha ocasionado la constatación de unos hechos que, como antes te decía, eran fácilmente adivinables: sangre, dolor, llanto, destrucción. Has contribuido, de un modo determinante, en cercenar la infancia de miles y miles de niños y niñas. Reitero, te compadezco.
"Maldigo a las guerras y a aquellos que las promueven", ¿recuerdas estas palabras?, las pronunció Julio Anguita el día que su hijo murió: las hago mías.
Voy terminando. Promulgaste una ley (de la que fue cómplice la mayoría parlamentaria de aquel momento, incluida la oposición representada por el PSOE), según la cual, se prohibirían aquellos grupos políticos que diesen apoyo ideológico a la violencia: sólo la hipocresía de un sistema político, que se hace llamar democrático, hace inviable la prohibición de tu partido. Tengo la confianza de que, desde tu partido, el Partido Popular, más pronto que tarde, den fehacientes muestras de arrepentimiento. Pero, como estoy convencido de que tú jamás te arrepentirás de tu actitud, cuando eras presidente del gobierno de un supuesto país civilizado, España, espero y deseo que se te acabe juzgando, y condenando, por crímenes contra la Humanidad.
Santos López Giménez


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