miércoles, 7 de enero de 2009

El mundo del revés

Mañana, 8 de enero, se sientan en el banquillo de los acusados, personas de la vida política vasca, entre otros, Patxi López e Ibarretxe. Se les acusa de haberse reunido con determinada fuerza política vasca, al parecer, según la ley de partidos, fuera de dicha ley. Lo paradójico del caso es que ambos, y sus respectivos grupos políticos, buscaban, y en ello están, el fin de la violencia terrorista que a todos nos tiene hartos. A su vez, lo curioso es que, quien propuso y sacó adelante dicha ley, no es otro que José María Aznar. Lo recuerdan, ¿verdad?. Claro, es difícil olvidar a alguien que con su condescendencia, abusando del poder que el pueblo español le otorgó, fue cómplice de uno de los mayores genocidios de la Historia del Planeta; genocidio, cuyas secuelas, a modo de centenares de muertes violentas trimestrales, siguen recordándonos la macabra decisión de tres indocumentados, en las Azores. Por supuesto, a él y a su partido, la ley de partidos les viene pequeña: jamás su destino, el de Aznar, habrá de ser la ilegalización de su partido (¿?), su destino, si hay justicia sobre este planeta, habrá de ser otro…, todo se andará.
Pero, volviendo al juicio que mañana se inicia, uno no da crédito al tipo de moralidad que mueve nuestra sociedad y nuestra vida política. Al final, todo acaba resumiéndose en las infames declaraciones que, estos días, ante la vergüenza planetaria de ver morir personas inocentes, bajo el argumento de que se buscan terroristas, vienen enunciando el Gobierno de Israel y sus secuaces del Gobierno de los EEUU, sin que la Comunidad Internacional sea capaz de hacer valer su determinación. Y no hace valer su determinación porque hace el juego, con templadas declaraciones, al discurso de ambos gobiernos genocidas. Todo ello, viene al caso, ya que va a resultar que, en éste, nuestro país, son llevados ante los tribunales aquellos que no usan arma alguna para matar, sino el arma más valiosa de la que dispone el ser humano, la palabra, con un único y humano fin: que, de una vez por todas, unos asesinos sin escrúpulos dejen de matar y sean capaces de reintegrarse en una sociedad, la cual, como asesinos, jamás precisó de ellos.

Santos López Giménez

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